Adela Ferrer

Adela Ferrer(Palma de Mallorca, España, 1977). Poeta, músico y actriz. Inició sus estudios de música y piano a los 5 años en el Conservatori de Música i Dansa de les Illes Balears. Obtuvo el Exibition Award del Trinity College London en 2008. Profesora de música y piano desde muy joven, ha ejercido su disciplina como canal terapéutico en varias escuelas, fundaciones y asociaciones y en diversos proyectos multidisciplinares en España y Colombia. Colabora musicalmente con artistas de disciplinas distintas en performances, exposiciones, presentaciones de libros, recitales poéticos, interpretando y componiendo. Es actriz de teatro, cine, cortometrajes, vídeo-arte y vídeo publicitario, y modelo de pintura y fotografía artística y publicitaria, además de realizar trabajos como locutora, ilustradora y editora. Ha sido teclista, vocalista y cantante, en grupos que van desde el Raï argelino hasta la copla, la canción popular andaluza y la fusión flamenca, pasando por la música experimental-dodecafónica y la electrónica. En el 2013 publicó Papeles manchados, su primer libro de poemas e ilustraciones. Su último trabajo discográfico fue un disco de poesía mediterránea musicada, grabado con Comboi Records, junto al cantautor Julio Bustamante y el productor Carlos Carrasco en Valencia, ese mismo año. Actualmente reside en Bogotá, donde presenta su espectáculo “Peldaño a peldaño” en el que presenta sobre los escenarios sus propias composiciones a piano y voz; es editora de una revista de gestión social, cronista sobre mujeres víctimas del conflicto armado colombiano y coordinadora de unos premios nacionales de discapacidad.

 

POEMAS DE ADELA FERRER

 

Aclaración sobre los textos:
Le llamo prosa fotográfica, de instinto, entraña y sensaciones. De pasos que vagan con rumbo no aprendido, sino vivido. Llevado. Puesto en el extremo de la llama, incandescencia del suspiro. Vacío. Multitud de llamadas en la noche. Temprana esencia la de la luz. Un yo y tres quebrantos. Noches vagabundas de asfalto. Recuerdo. Amor y amor. Raíz de la tormenta. Sal y roca, bravura del azul. Mansedumbre del aire. Oxígeno de vena en pecho.

Adela Ferrer, Bogotá, 2014.
(domingo, 21 de septiembre de 2014, 12’36h. ‘El Ventorrillo’, La Candelaria, Bogotá, Colombia).

 

 

Siempre estoy llegando

Siempre estoy llegando,
o eso dicen mis pies, salga o entre,
de veredas, callejones y campos, mares y entrañas.
En vidrieras que rebosan libros miro mi silueta,
y mi pelo lacio al viento en mañana de domingo,
entre cielos ganados y bajos perdidos.
La arena que la vida se lleva,
el tiempo en el paso.
Existe el cero.
Y el todo en el todo.
Luces de neón, baile de noche,
marcha temprana y lejano movimiento.
Nada muere, las transformaciones se suceden.
Un bandoneón que gime escalofrío,
un violín, que manso, busca notas caídas.
Recuerdo.
Platos vacíos tras hacer barquitos con la salsa de la abuela,
manteles de cuadros en tascas de madera grasienta,
tardes y lunas urbanas.
Nada muere,
todo queda suspendido en un péndulo que vive de suspiros.

Texto: La Candelaria, Bogotá, 21 de septiembre de 2014, 9’35h.

 

 

Volveré con el levante

Vuelo. A ras de mar. Soy cormorán. Me adentro. Ahora alga. Voltean mis curvas como serpentinas entre burbujas tornasoladas. Juego. Cojo velocidad. Cambio de sentido. Paro en seco. Asciendo a la superficie para tomar aire. Salgo, y la luz del sol me templa la esencia. Mis pies en la roca. Me pertenezco. El rostro cara al viento tendido. Me dejo. Los brazos no pesan. Son vacío. Los pies adaptados a la piedra puntiaguda. Miro alrededor. Paz de septiembre. Luz blanquecina. Un velero marchando al poniente. Lo sigo con la mirada. Vuelvo al mar, quiero acompañar su estela y ver como rompe el oxígeno entre mi piel. Patino entre la marea. Me pierdo. No vengáis a buscarme. Volveré con el levante.

Texto: La Candelaria, Bogotá, 8 de septiembre de 2014, 9’48h.

 

 

Amarás al mar sobre todas las cosas

Mi principal ‘destino turístico’ para perder la brújula del pensamiento es el mar, más allá de la tierra, los montes o las dehesas. No lo hablo como un lugar de agua, más bien un rincón de ánima. Ser agua en la noche. Ser agua en el día. Ser rayo oblicuo en el horizonte. Ser agua en sus gotas. Soñar agua. La palabra agua me transporta a lugares recónditos y olvidados, ilimitados, sin márgenes ni estampas, sin perfiles, sin cuadrículas ni renglones. Es la inmensidad en sí misma, la quietud y la tormenta, la pausa y el seguimiento. El mar aborda la vida. Calafatea la pena. Ciñe el desequilibrio. Ancora la desilusión. Apareja las causas. Aproa la existencia. Cuando veo mar respiro el abierto. Cuando leo mar, mi cabeza se larga. Se sueltan las neuronas, para volver a recogerse en un punto de escarcha, que se reconoce en la mirada del ‘sinfondo’. Oigo bahía y bailan velas como campanillas. Crujen maderas y salgo a flote. Siento naufragio y no compito con el viento. Incluso ser fuego y aire me lleva al mar. Mar en las manos, mar en la mirada, agua y más mar. Luego, no existo sin él. No canto sin llevarlo puesto. El mar es todas las cosas. Sensación de mar cayendo por el corazón.

Texto: La Candelaria, Bogotá, 3 de septiembre de 2014, 11’16h.

 

 

 

Las hojas en blanco me tutean

Luce el sol por los tragaluces de mi guarida. Los pasos quedan quietos observando el camino por recorrer, que ya no es abismo, sino senda libre. El café humeante me despierta con un beso de aroma a Colombia y las páginas en blanco me tutean. Parece que los gritos silenciosos del ‘no me piséis’ de las hormigas han hecho reaccionar al mundo, que con metralla como argumento intenta imponerse. Pero no da resultado. A la larga, apremia con suavidad el respeto, el trabajo consciente y la constancia. No se esfumaron, quizá estaban camuflados en esta selva de asfalto que arranca sinsabores, pero que cuando la caminas con paso firme, te conduce donde toca estar en el momento de los momentos. Día de azules combinados con aire fresco. Hoy podría ver el mar en cualquier rincón de Bogotá. E incluso sentiría la sal en mi piel. Basta con pensarlo en pequeño, es suficiente con tomarlo ligero. Él mismo te nombra.

Texto: La Candelaria, Bogotá, 30 de agosto de 2014, 10’42h.

 

 

 

Tiroteo de vanidades

Habla el lenguaje de la noche.
Cristal opaco
que tan sólo deja entrever el alarido en un fulgor difuminado.
Pájaros desalmados atendiendo los sueños de hollín.
Noviembre sucumbe al negro.
Poniente olvidó la llama,
y los tintes del amanecer fueron ayer severo abandono.
Garganta anudada con una flor de niebla espesa.
Recojo cosas que dejé olvidadas en una maleta junto a un árbol de otoño silencioso.
Huérfanas sus ramas, se olvidan al viento.
Hojas que vuelan por el piso inerte de pasos perdidos.
Yo jugando con la luna en la lejanía medida.
Tiroteo de vanidades que intento esquivar.
Pozo sin agua, sonido vacío.
Pies descalzos en mi patria en ruinas.

Texto: La Candelaria, Bogotá, 27 de agosto de 2014, 8’37h.

 

 

 

Más allá del límite de los sentidos

Hoy, las gotas de lluvia, como cristales punzantes,
son una escalera de caracol al cielo, al entendimiento.
Magnánimo camino que recorre verdades,
instantes de menos aliento por la subida.
No temo al misterio de la alquimia del sentimiento
puesto en palabras y llevado en versos,
porque es camino a la reflexión,
al no creer en aquel que habla de certezas
sin conocer siquiera el olor de su nombre.

Voy a asomarme a esa ventana
que lleva 37 años en el paso de mis sueños,
para ver llegar de lejos a la música, que jamás se fue.
Te respiro.

Texto: La Candelaria, Bogotá, 25 de agosto de 2014, 10’32h.

 

 

 

El equilibrio del caos

Se sostiene la vida en un movimiento quieto. Péndulo muerto. Pasan horas con relojes descolgados en fachadas solitarias. Un palomo gris manchado de humo asfixiante. Abandonado el aire, se transmiten los motivos por la piel. Únicamente por la piel. La entraña surge de lleno en cajones carcomidos. Y las sombras vagan siniestras en un compás sincopado. Pero no, no quiero. No me dejo. No abandono la esperanza. No niego la luz. Ni las nubes ni la lluvia me confunden. La soledad no quema. Si me olvido, es para respirar.

Texto: La Candelaria, Bogotá, 20 de agosto de 2014, 7’42h.

 

 

 

Cederle mis ojos a las sombras

Hay dos hilitos que me toman las comisuras de los labios y me hacen sonreír. Hoy he dejado de lado el luto de asfalto y caminado como por cualquier ciudad. He organizado mis pensamientos. Ha habido azul y verde y blanco. Hubo destellos silenciosos que amparaban mi caminar. Me gusta tropezar con las sombras, incluso viéndolas venir. Me topo con sus brazos, su lengua, sus dedos, y les doy por un rato mis ojos, para que vean por dónde seguir. Entonces, yo vuelo a ser yo y el humo de mi pitillo sabe a menta.

Texto: en La Aldea, Bogotá, 14 de agosto de 2014, 20’54h.

 

 

Goteo

Por la garganta se desliza el trago.
Estremece mis venas,
como la noticia de domingo que derrama sangre inocente.
El vino navega con velas henchidas,
abierto lecho de la ofrenda,
para recibir al traficante de noches y mediodías.
Jornadas enteras gravitando en torno a mi sed.
Mientras, el silencio cicatriza las heridas,
harapos de la memoria,
zurcidos de la historia.
Toco fondo en la madrugada.
La sonrisa sarcástica del mantel y el mundo que se desploma.
Llamo a gritos cerrados a la luna que gotea.
Gotea, gotea.
Goteo.
Aquella mañana fui vestida de gaviota.
Era rocío de romero mi aliento.
Mi cuerpo, melodía hecha de frutas.
Aquella mañana.

Texto: La Candelaria, 10 de agosto de 2014, 13’33h.

 

 

 

Lejos

Ese deslizarse en el sueño con los ojos abiertos,
cuando el pájaro del amanecer descarga sus alas en la luz temprana.
Canto con voz de lluvia al tiempo cercado de horas,
propongo en el clamar de la nube que cose el cielo de la ciudad,
un duelo a favor del sol, del rayo que inunda la calma,
y los ojos, y las manos, y el respirar abierto y pausado.
Lejos, el mar deletrea el olor de la sal y el yodo.
Lejos, la estampa de la vendimia, del olivo y el algarrobo.
Lejos, en un océano de distancia vaga.
Lejos.
Y escalando en los muros de la tarde,
me columpiaré en el verano que no llevo puesto,
viendo crecer el rostro de las Islas.
Pido la palabra.
Que me escuche el viento y meza mis deseos,
que chispean grises en este asfalto.
Que me lleve, que me ría, que me ciña en sus versos.
Que me haga diálogo de luz.

Texto: La Candelaria, Bogotá, 23 de julio de 2014, 10’27h.

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