Alejandro Vergara

AlejandroVergaraPoeta colombiano. Estudiante de la Maestría en Estudios Literarios de la Universidad Nacional de Colombia. Licenciado en Español y Lenguas Extranjeras de la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia. Exalumno del Centro Don Bosco. Violinista en formación con la maestra Ruth Lamprea. Bailaor en el Grupo institucional de Flamenco y Danza Clásica Española de la Universidad Pedagógica Nacional dirigido por la maestra Indhira Guzmán. La Poesía se le revela como oficio en compañía del maestro Rafael del Castillo. En el año 2004 obtuvo el primer lugar en el Concurso Intercolegiado de Literatura, categoría «Ensayo», promovido por la Editorial Norma en Bogotá. Obtuvo en el 2012 el primer lugar del II Concurso Universitario de Tango Unitec modalidad parejas. Entre el 2011 y el 2013 participa en el colectivo teatral en lenguas modernas de la Universidad Pedagógica y en el colectivo artístico «Geografías e Imaginarios Culturales UPN» con funciones en el Teatro Colsubsidio Roberto Arias Pérez, el Teatro Bogotá de la Universidad Central y el Teatro Jorge Eliécer Gaitán con la obra «Un acto a la memoria, que descanse en paz la guerra». Cofundador del periódico universitario de poesía Aldabón en el 2009. Invitado en distintas oportunidades a las Jornadas Universitarias de Poesía de Bogotá y al Festival Internacional de Poesía de Bogotá en su xxi versión. Coautor del libro Ríos Paralelos, 7 Poetas Latinoamericanos Contemporáneos, Ulrika Editores, 2013. En 2016 publicó su ópera prima Rapsodias para la pérdida de memoria.

 

 

POEMAS DE ALEJANDRO VERGARA

 

 

Las mentiras de la National Geographic

Abeja
El bosque nunca existió
Toda tu vida has estado buscando azúcar
En la alacena

 

 

Vitrales

 
I

 
Ella es la dama del dolor
La aprieto entre mis brazos pero su voz se ha ido a otra parte

Sus manos frías
Frías
Manos
Qué será de la poesía si no despierta
Qué será de mí

Ella es la dama de los girasoles
Yo reuniré sus tres pedazos
Los comeré de tal forma que sus ayes me crezcan con las uñas y pueda cortarlas
De tal forma que ya no duelan las palabras esenciales
De tal forma que al salir de la cama se levante en mí y nunca más la soporten vitrales rotos
¿Cómo parar la tormenta en la tienda de cristales?
Tanto como a ella me crujen los huesos bajo el peso de la noche
De madrugada la presento a los fantasmas como criatura de mis entrañas

 
II

 
Las columnas de la catedral se le parecen
Yo me inclino como un prófugo
Pidiendo por ella
Misericordia

 

 

Oda a los zapatos

Ellos se parecen a la pobreza de todos los hombres
Qué más secretamente fiel que su silencio
Que el relámpago de sus arrugas

 

 

Anacoreta

El sol es un Diente de león
Fragmentos que estallan en un vuelo de fachadas sobre canarios
Las algas hacen la corte a almendros submarinos
Humaredas

Soy un Diente de león
En un prado
En una esquina cualquiera

Cornos en la oscuridad
Que los asientos de los parques brillen
Que bailen las luces peregrinas en el lago
Que un niño sueñe que es Diente de león

Los montículos que ruedan
Los zapatos de los niños

 

 
Hay gente que trae ruido en los zapatos
Los árboles huyen
Su voz escapa de los dientes como piedras

Quién sabe si en el estanque revuelto de su vida
Hace tiempo les hayan pescado el alma
Y la tenga un gringo barbón en su cabaña como
trofeo

Como en un accidente trágico
Cierro los ojos para no ver su sonrisa cuando saludan
Cuántas palomas de ciudad en su plaza rota
Un perchero sin ramas

Hay gente que trae comida en sus bolsillos
En las manos, en los ojos
De ellos es el reino del estómago contento
Del «Dios le pague»
Inmortal
Del extranjero

 

 

Niña con ojos

Ella es un pellizco de viento
La niña escucha «Santa Lucia» siendo todos los azules que aún no sabe que es
No todo
A pesar de todo
Es del mismo color de la muerte

Dos Modiglianis de la mano
Ella y su madre tomando el taxi
Dos luciérnagas embufandadas
Sentadas en el cine
Tan aire

A ella hace falta verla como lo hacen las hojas
El sol bogotano
Brilla y se oculta
Brilla y se oculta

Como una piedra milenaria, un recuerdo sagrado, una sábana de infancia
Uno visita la fuente inusitada de sus ojos
Esperando que brille con esplendores de miel silvestre

Esperando

Sin esperar

 

 

Agua que suena

El trémolo que describen las sombras de las hojas
Aparece con el sol tras las aceras

La miseria ocultó su miseria bajo las fachadas
Por un momento
Qué bien valsea la loca de la esquina
Hay siempre un balón para los niños de Don Bosco
Dios se parece a su carrera de segundos en el patio sin hoy ni mañana
A las zanjas de una mano que se abre

Dan ganas de bailar la Danza del sable calle arriba
Repartiendo copas destiladas a quien pasa
Al mejor estilo del bunde, de Condoto, de sus ébanos festivos

Hay sonidos en el aire bajo el agua
Agua que suena

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