Ben Clark

Foto: Fabio de la Flor

Ben Clark (Ibiza, España, 1984) es poeta y traductor. Ha publicado, entre otros, los poemarios Los hijos de los hijos de la ira (XXI Premio de Poesía Hiperión. Hiperión, 2006), Cabotaje (Delirio, 2008), Basura (Delirio, 2011), Mantener la cadena de frío (junto a Andrés Catalán, Pre-Textos 2012. IV Premio de Poesía Joven RNE), La Fiera (Sloper, 2014), por el que obtuvo el Premio Ciutat de Palma Joan Alcover y el Premio El Ojo Crítico de RNE de Poesía 2014 y Los últimos perros de Shackleton (Sloper, 2016). En 2017 obtuvo el XXX Premio Loewe de Poesía por La policía celeste (Visor, 2018). Ha sido becario de creación literaria en la Fundación Antonio Gala para jóvenes creadores (2004-2005); en The Hawthornden Castle International Retreat for Writers, (Escocia); en The Château de Lavigny International Writers’ Residence (Suiza) y en la Fundación Valparaíso de Mojácar.


Poemas

«Hijos de la bonanza»

 

«Hijos de la bonanza», nos llamaban:
los que no conocieron ni la hambruna
ni las agudas larvas de estridencia
chillando en el oído por las bombas.
Y cuando nuestras piernas, tan delgadas,
caían y sangraban porque el parque
era de un hormigón armado y frío,
se quedaban callados, observando
nuestro llanto con un gesto de sorna.

Debíamos vivir y dar las gracias
por la ocre rozadura en la garganta
que provocaba el aire al refugiarse.
Agradecer las flechas de las nubes
y que un fango lechoso a nuestros pies
–en un último gesto agonizante–
le mordiera las botas al progreso.
¿Y cómo agradecerles la alegría?
La risa provocada por los hombres
inocentes del mar
cuando se encaminaban hacia el río
dispuestos a bañarse entre excrementos.

También estaba el tedio
de tener que explicarles a los niños
palabras como pueblo indio, oso
pardo, ballena azul o lince ibérico.
Pero esto eran minucias, sacrificios
en nada comparables al sufrido
por aquellos que ahora nos decían
hijos de nuestra sangre, tan severos.

Aunque, a veces, es cierto, no fue fácil,
simplemente intentamos ir viviendo.
Haciendo caso omiso a los escrúpulos,
al vacío que moraba en nosotros,
hijos de la bonanza;
los hijos de los hijos de la ira,
herederos de todos los despojos.

de Los hijos de los hijos de la ira. 2006

 

 

Al principio es confuso

 

Al principio es confuso y hace falta

dejar que todo cambie y viaje un poco.

Al principio las cosas pueden ser

basura para algunos pero no para otros

y a medida que el peso conduce a los objetos

del oeste

al este

y

del norte

al sur

la basura contiene más basura,

y para cuando llega al vertedero

de Govandi en Mumbai,

los niños saben bien que donde juegan

todo lo que hay es puro.

de Basura. 2011

 

Ceres

Para Fabio de la Flor

 

Admiro a los amigos que hacen pan

y los cuido y protejo con conjuros

inventados, escribo

poemas en su honor y, si se mudan,

vendo mi biblioteca y doblo mal

la ropa y la introduzco

en bolsas de basura y voy con ellos,

a su barrio, a su calle,

a su mismo edificio si es posible,

y así me dan el pan, el pan que han hecho

esta mañana, anoche, ayer, no importa,

tierno siempre, caliente aunque esté frío.

El pan. Y mis amigos me comprenden

y no se espantan, saben que no sé,

que no puedo, que nada

me gustaría más que no tener

que molestarlos siempre con el mismo

cuento; el pan, vuestro pan, me da la vida,

hace que me arrepienta y que me alegre

a la vez del tratado que firmamos

mucho antes de nacer: habrá personas

fecundas que harán pan, que enseñarán

a sus hijos el truco y que no tienen

a cambio que hacer nada.

 

Y habrá personas huecas como yo,

hijos sin hijos, nombres moribundos,

que a cambio de una pizca de ese amor

tendrán que proteger a los que saben,

cuidarlos siempre, amar a los que saben

y no pedirles nunca lo que es suyo

y agradecer las migas cuando falte

el pan, y ser amigo cuando no

haya nada de nada y sólo queden

palabras sobre el pan, y si eso ocurre

ser abrazo de roca y ser su barca,

porque esa es su tarea, la tarea

de un hombre que no puede y que no sabe,

pero que ama y comprende los milagros.

de La policía celeste. 2018

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