«De la industria del libro al oficio de crear lectores», por Eduardo Zambrano

De la industria del libro al oficio de crear lectores

Por Eduardo Zambrano
EduardoZambrano2015BNEn un principio me sentí desorientado al recibir la invitación para esbozar una ponencia sobre este tema. Poco, muy poco sé de la dinámica de las casas editoriales, y menos aún cómo estarán posicionando la poesía en sus modelos de negocio o dentro de su misión y visión organizacional.

Así que estas ideas y reflexiones corren a cuenta no de un conocedor del tema, sino de un simple lector de poesía.

Estoy en deuda con la poesía por todo lo que he leído desde hace ya casi cuarenta años. No fui un lector precoz ni en casa había libros. La crisis coyuntural de la adolescencia y un amigo de calle (ni siquiera de escuela) hizo el boquete necesario en el espíritu para que la luz del poema entrara en mis días.

Aquel largo verano leí la obra completa de García Lorca.

Obvia decir que el contagio fue inmediato y quedé por algunos años ciclado en aquella lírica tan envolvente. Sin embargo, debo reconocerlo, fui un lector afortunado, pues en aquellos primeros años fueron apareciendo amistades que ampliarían mis referencias de lectura.

Pero de regreso al tema que nos ocupa, dato curioso, cuando puse en el buscador de Google el enunciado con el que se hace invitación a esta ponencia, el primer link decía algo así como… Editorial “X” – Queremos publicar tu libro.

Y fue precisamente este punto el que me invitó a repensar la razón de ser de las casas editoriales. Entreveo, en esa simpleza de “queremos publicar tu libro” una ceguera de fondo que ha marcado a esta industria.

Porque no se trata de publicar libros sino de formar lectores.

Está claro que muchas otras instituciones toman ese rol, las mismas escuelas, las librerías, algunas universidades o talleres. Sin embargo, y este es el punto central de mi ponencia, las casas editoriales deben igual tomar acción en este sentido.

La promoción de la lectura, la formación de lectores, queda en el mejor de los casos en algún rincón de sus organigramas, cuando debería considerarse la razón de ser y el eje central para la creación de valor.

«La promoción de la lectura, la formación de lectores, queda en el mejor de los casos en algún rincón de sus organigramas, cuando debería considerarse la razón de ser y el eje central para la creación de valor».

Grandes o pequeñas, de sesgo comercial o cultural, independientes o auspiciadas bajo presupuesto público, repito, el problema grave de las casas editoriales es visualizarse como una imprenta.

Sin ir más lejos, y ya desde la definición misma de diccionario, la industria editorial está vinculada únicamente a la producción (y en todo caso) a la distribución de libros.

Esta perspectiva con foco en la producción y no en el mercado es sencillamente obsoleta.

Dicho de otra forma, se confunde el medio con el fin, porque no se trata de reeditar a los clásicos ni de revelar a las nuevas promesas o generaciones de escritores, sino de crear y fortalecer una comunidad de lectura que pueda hacerlos suyos.

Y si entramos a la particularidad de la lectura de poesía, esto se vuelve más crítico.

La educación básica (al menos en México) hace tiempo ya la marginó.

Las grandes editoras y librerías no han hecho otra cosa.

Las apuestas independientes obedecen muchas veces a cuestiones de vanidad y, en el peor de los casos, a intereses serviles y mezquinos.

Nadie nace lector de poesía, y ante este panorama, es obvio que algo de suerte tiene que haber para que no queden confundidos o de plano en el desencanto.

El que haya más poetas que lectores de poesía no es gratuito, es la consecuencia más obvia de todos estos despropósitos.

Si en lugar de preocuparnos por los poetas nos ocupáramos de los lectores de poesía (sobre todo donde hay potencial), otro gallo nos cantara.

«El que haya más poetas que lectores de poesía no es gratuito, es la consecuencia más obvia de todos estos despropósitos. / Si en lugar de preocuparnos por los poetas nos ocupáramos de los lectores de poesía (sobre todo donde hay potencial), otro gallo nos cantara».

Como comentaba al inicio, desconozco mucho del mundo editorial, pero me gustaría saber cuánto de su presupuesto lo dedican al fomento de la lectura, no a promover sus escritores, sino a crear lectores, que es muy distinto.

Mi deuda con la poesía es como lector, no como poeta.

El poeta entra y sale de la casa, se ausenta y regresa como si nada, incluso con desenfado.

La lectura de poesía, en cambio, siempre se mantiene cerca, y permanece junto a mí en todas las batallas.

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