Diana Carolina Daza Astudillo

DianaCarolinaDaza2016C(Bogotá, 1980). Poeta y promotora cultural. Textos suyos han sido publicados en revistas de creación literaria y suplementos de Colombia, Ecuador, Chile, Venezuela y México. Ha sido invitada a encuentros de creación literaria en Colombia, Venezuela y Ecuador. En el 2003 publicó con la colección «Aquí estamos decena» de la editorial Funcreta, el poemario El abrazo de los días grises, en el 2010 participó en la publicación colectiva Domingo, vendedor de globos con el Laboratorio de Escritura de las Américas. Actualmente dirige el proyecto editorial independiente Piedra de Toque. En el año 2013 editó el poemario El nacimiento de la gargolena con la colección estampillas poéticas. Actualmente trabaja como artista formadora en el área de literatura con el IDARTES en el proyecto CLAN y apoya el trabajo cultural de la Galería 4-19 en Bogotá la Fundación Casa de hierro en Barranquilla.
 
 
 

POEMAS DE DIANA CAROLINA DAZA ASTUDILLO

 
 
 
Carta a Alejandra Pizarnik
 
El hastió por un padre, una madre y una hermana, condenados a los buenos modales. Demonio oculto bajo un rostro agrietado por la juventud o ángel incomprendido buscando la libertad en una habitación cubierta de sombras y fotografías.

Sartre y las anfetaminas. Sasha, Flora, Buma, Blumita o Blímile o todas juntas desangrándose en las páginas. Una cajetilla tras otra consumida a escondidas. Olga, Liz, Julio y Bretón. El reposo en un pecho de cuarenta, el deseo ausente en una boca de veinte, el amor como naufrago, la soledad como gobierno.

Alejandra, tu nombre ensordece, puedes estar tranquila, dejaste de ser esa pregunta tartamuda, rebotando en un abismo.
 
 
 
Carta a Dacia Maraini
 
Tus noches de fin de año llegaron como el verbo que conjugaba el tiempo en el que viajábamos en casa. Fue difícil escapar de ese cuadro que pintabas con tus palabras. Ese espacio blanco cubierto de agua rota y cuellos torcidos.

Llegaste con tus noches de fin de año y tu dragón de oro, para recordarnos que estos últimos días en casa han sido un largo y sostenido gemido de dolor. La música de mi madre y su cáncer, con su colección de cajas de hidromorfona y dextrosa. Ella que ya no habla, no se mueve, no mira con amor.

Mi madre, esa herida en la que todos hemos ido cayendo.
 
 
 
Carta a Diane Arbus
 
He venido a hablarte de la admiración que sentí al entrar en el cuarto oscuro donde revelaste la belleza de personajes horripilantes y termino entregándote el retrato de una mujer mutilada por su propia mano. No me lo estás preguntando, nadie lo pregunta, pero este estado de infertilidad en las palabras es miserable.

Sin que mis páginas florezcan, insisto en escribir, pero solo una pesada capa de musgo, que cambia de verde a gris, de gris a negro, se extiende sobre ellas. Mis palabras no han alcanzado a ser más que leña verde, fetos de pájaros y tigres y cometas sumergidos en frascos con formol, puestos sobre la repisa de los intentos fallidos.
 
 
 
Carta a Vincent Van Gogh
 
Tus pinceles y tus telas, como esta pluma, como tantas otras manos que en el mundo pintan y escriben y sangran, saben que una negativa de amor duele igual en Arlés que en cualquier esquina de América. Ingenuos, nos entregamos como hogueras a los andenes sin luz, a las jaulas de circo, a la boca del tren, esperando un poco de calor.

La fiesta siempre se apaga y seguimos solos. Si el amor fuera tan fácil como comprar sombreros, pinceles y calentadores de gas, nuestras deudas no serían una larga lista de fracasos y despedidas. ¿Cuántas veces te dejaron con la mano extendida en un baile de besos?

Una cuenta de hospital se paga con la venta de tres cuadros, la cuenta de un corazón roto, la pagamos con la vida.
 
 
 
La Singer
 
Abatida por el frío que envuelve la casa
la vieja Singer olvidó contar historias
los niños no creen que su pedal es un barco
ni su rueda un timón que dirige los sueños.
Sus dedos ya no cosen
la fatiga de andar un día tras otro
los uniformes para el colegio
el dobladillo del pantalón
el vestido de domingo de la muñeca.
Nadie escarba entre sus cajones
buscando el hilo que remiende el paisaje
de una generación de pequeños animales
mezcla entre panteras
pájaros y hormigas
con corazón de ballena azul.
El ojo de su aguja
afectado por el juego cotidiano de la vida
dejo de respirar
Como un cíclope enfermo
se oculta en la soledad de la casa.
 
 
 
A cada patio una despedida
 
Mueren los patios
porque los pájaros
ya no buscan la clandestinidad de su abrazo
para levantar sus nidos
cuando las huellas de perros
dejan de ser llovizna, desorden y mugre
el silencio saltando lazo con el silencio
es lo único que los sacude.
El patio de mi casa muere
porque los viejos han comenzado a enfermarse
y con ellos las plantas
que agonizando se preguntan:
¿Ahora, quién calmará la sed?
 
 
 
***

A Jennifer Guzmán

Hermana mía,
Fumémonos un cigarrillo de niebla
volvamos a la casa de los abuelos a cosechar pájaros.
Ponte la peluca amarilla y los tacones blancos,
encendamos el radio del kiosco
y bailemos hasta que mueran las chicharras.
Vigila mi primer beso
rompe con rabia la casa de las muñecas,
Háblame sobre la última llamada de tu padre
monta mi caballo inflable y acompáñame a llamar al abuelo
que la mesa esta servida y la abuela comienza a alterarse.
Ven, recojamos las risas que olvidamos en el tendedero
esquivemos los murciélagos y la misa del domingo,
viajemos en el triciclo verde mientras vemos crecer tus hijos
y buscamos los míos en el paisaje.
Bailarina, huracán,
soldadita de plomo bañada en perfume de orquídea
hermana mía,
si mi nombre tropieza con la eternidad antes que el tuyo,
despliega estás páginas y ahí estaré
esperándote a la salida del colegio
con la mano extendida
para atravesar el pueblo
hasta llegar a salvo a casa.
 
 
 
***
 
El arte de la seducción es como el arte del trapecio. Una boca nos invita a avanzar o detenernos. Antes de iniciar el desplazamiento es importante que el amante, como el trapecista conozca el peso de su cuerpo. La técnica exacta aparece con la cantidad de intentos fallidos marcados por los años.

Es regla general de los amantes y los trapecistas, aprender a controlar la respiración para enfrentar el pánico al vacío.

Un movimiento en falso atrae la caída.

Del equilibrio

depende la plenitud del beso.
 
 
 
***
 
Ahora que tu casa es la eternidad, ¿Dime de dónde sacas el agua para regar las plantas? ¿Se sanaron las heridas que la tormenta de la edad te dejó? ¿Es mejor esa casa que la nuestra? ¿Tienes ventanas, molino y frutas? ¿Conociste por fin el mar? Dime si vale la pena amar, orar, resistir, trabajar, levantarse cada día con la esperanza de que todo va a estar mejor.

Cuéntame, ¿Es la muerte la enemiga, o es la vida, la amiga, la madre, que se quita el pan de la boca para calmar la soledad de su primojenita la muerte?
 
 
 
***

Los rostros que aquí ríen en esta foto amarilla
con un fondo de olas borroso y una roca borrosa
¿A dónde están riendo ahora – Si todavía se ríen?

Ernesto Cardenal

Ayer encontré a mi madre entre una bandada de pajaros azules. Las heridas del último agosto tomaron forma de terciopelo, volaba en círculos sobre la casa, festejando el amanecer infinito de fulgor y trigo, rumor de una nueva vida.

Ahora sé que ella habita el azul de las cosas: los lirios de agua, la armadura de los peces, el lapizlasuli, el cielo de la casa amarilla, las lanas, los hilos que trenzan las olas del mar, el fuego que enciendo en las mañanas, para saludar una fotografía donde parece que el perro aún ladrá en el balcón. Donde ella y yo, sonreímos, condenadas al amor en un abrazo.
 
 
 
Inventario pos celebración:
 
20 botellas vacías.
50 cadáveres de cigarrillo.
1 copa rota.
1 escena desdibujada.
El teléfono sin minutos.

La fiesta siempre se apaga mientras la vida sigue encendida, iluminando la fecha de vencimiento de los recibos, la nevera vacía y la mirada de un extraño en el espejo pidiéndonos agua y un cepillo de dientes.
 
 
 
***
 
Cuando la casa cierra su hambre de fiesta
solo queda el débil ritmo cardíaco
del restaurador de soledades
B IB
nadie recuerda al anfitrión
B IB
nada lo saca del coma.

A %d blogueros les gusta esto: