Editoriales independientes para la poesía en España, un ejercicio de “gourmets”

Resulta casi absurdo el seguir etiquetando a las editoriales como independientes. Es un término, en principio bienintencionado, que intenta dar cuenta de una manera de insertarse en el mundo cuyos preceptos no están «sistematizados», o simplemente no utilizan las mismas herramientas que una estructura puramente capitalista, cuyos intereses son eminentemente crematísticos, y por lo tanto sólo relacionados con estructuras de poder, sin tener en cuenta la «pureza» de la cultura.

Aunque, bien pensado, quizá esa laxitud del propio término, su devaluada argumentación, nos pone precisamente en el buen camino, pues las editoriales «independientes», no abogan precisamente por estar fuera del sistema ni verse devorados por éste, aunque su marchamo sea precisamente ése: el de ser peces pequeños en un charco de tiburones. Esa presunta «debilidad», les confiere automáticamente los superpoderes de un David frente a Goliat. Les dota de una «asistematicidad» heroica, de una valentía sin precedentes, como si los editores independientes nos pasásemos el día intentando derrocar molinos y poniendo trampas en las rotativas de las grandes editoriales. La presunta «independencia» es, desde esta óptica, puro márketing. Y sin embargo, 10 años en esta profesión, como «editor independiente», me han hecho darme cuenta de que el mundo del libro es un ecosistema que tiende al equilibrio de forma inercial y que, desde luego, está salpicado de miles de intereses espurios, grandes injusticias y tiburones sanguinarios, pero también de recursos democráticos, posibilidades a mansalva, buenas intenciones y, sobre todo, un caldo amniótico hecho con el amor por los libros. Un ecosistema que está lejos de ser binario y maniqueo. Un ecosistema hiperpoblado (dadas las facilidades tecnológicas que se han dado en los últimos años) que se biodiversifica cada día, y cuya tendencia natural habla a favor de la multiplicidad de discursos y de un bien nutrido escaparate cultural, más que de luchas intestinas y estúpidas polaridades. Un ecosistema que conjuga acciones culturales, pero también económicas, sin que ambas nociones sean excluyentes.

Así pues, nos resguardamos bajo el palio de lo «independiente», como la comida lo hace debajo de «gourmet», la naturaleza se disfraza de «ecología» o la cándida estupidez ahora se llama Mr. Wonderful. Epítetos y marcas que lo significan todo y al mismo tiempo nada. La selección de estas editoriales españolas que concurren a la Feria Internacional del Libro de Bogotá, en el marco del XXVI Festival Internacional de Poesía, es una muestra de un trabajo férreo, pregnante, hecho con ilusión e inteligencia, con intereses y objetivos, al margen de su independencia. Con marcadas querencias por la poesía, también mal descrita como «género menor», cuyo mercado es amplio y variopinto a pesar de que el imaginario social la arrincone y la castigue. Todos: autores, editores y lectores, sabemos que somos una inmensa minoría, lo cual es más que suficiente para que la energía discurra, para que todo fluya. Definitivamente, es la cultura la que da sentido a lo que hacemos. Son las estructuras reales (el poder, mayormente), las que nos hacen encajar en el éxito o el fracaso de nuestra empresa. Ningún editor, dependa de lo que dependa, debe ser ajeno a ambos condicionantes.

La respuesta está en esta misma presentación en el Festival Internacional de Poesía, la Casa de Poesía Silva, y dentro de la Feria del Libro de Bogotá: la internacionalización, la mirada posada sobre estos pequeños grandes reductos, la posibilidad de enfrentar miradas, de exportar e importar poetas… nada nos es realmente negado. Todo es concedido. Dependemos todos de todos.

El Festival POETAS, se enorgullece de presentar esta muestra entre un gran firmamento de aguerridas editoriales, sabiendo que en Bogotá encontraremos hermanos, reconoceremos pares.

Fabio de la Flor

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