Geografías trópicas: parajes lingüísticos en El mono gramático de Octavio Paz

por Iván Darío Mesa Bautista
Magistrante en Comunicación, Educación y Literatura

Percibimos los objetos y las cosas. Están allí en una sucesión interminable de formas, intenciones y relaciones. Poseen su propia sintaxis a la cual no podemos acceder. Ilusión de la conciencia: apartada del mundo, lo quiere devorar. El hombre, animal simbólico, intenta una fuga de sí mismo a través del lenguaje. El poeta pretende una operación más compleja porque, si el lenguaje es capaz de comunicar la realidad, vuelve esa sucesión de sonidos y trazos su realidad.Las cosas se vacían y los nombres se llenan” (Paz, 1996). El mundo es devorado por los ojos. La conciencia tienen el imperativo de la decisión: no tomarla es a la vez una forma de decidir. Sin embargo, lo externo a la conciencia está allí en permanente actitud de maestro evaluador.

Ejercicio fenomenológico hecho escritura. El mono gramático es en sí mismo un camino y un fin. Es una gimnasia verbal. Hanuman, deidad sagrada de la India, es el hijo del viento. El lenguaje se incubó en el viento y se encarnó en la escritura. Se naturalizó, se hizo corpóreo. La obsesión del lenguaje por reemplazar al mundo; pero una cosa es siempre otra, otra y otra. La caricia verbal que roza a los objetos externos a la conciencia. El símbolo ha desterrado al animal de su natural cubil. Proscrito para siempre de la sucesión del tiempo eterno, lo ha condenado  mirarse en el espejo del mundo. Por eso el mono-humano cuelga de las lianas verbales: el palíndromo, la tautología, el anagrama, vicios y juegos del lenguaje. Pretende llenar de tropos su lenguaje para no sentirlo desértico. Lo tropos se tejen en una maraña semejante al erial. “La diferencia entre la escritura humana y la divina consiste en que el número de signos de la primera es limitado mientras que el de la segunda es infinito; por eso el universo es un texto insensato y que ni siquiera para los dioses es legible” (1996:47).Las cosas que lo circundan  son un interrogante perpetuo. El mono sagrado, extraído de su condición de interlocutor natural –porque el animal comparte con las cosas su eterno estar-  debido al aparataje simbólico queda extrañado del mundo. Ahora bien, el hombre intenta descubrir el mensaje del mundo, su sintaxis y su gramática, las reglas detrás del acontecimiento vital, así “los objetos se animan secretamente, emiten llamadas, responden a las llamadas, no se mueven y vibran, están vivos con una vida distinta de la vida.”(1996:70).

EL libo construido de una manera episódica que nunca comienza. El verbo no avanza siguiendo la sintagmática. Semántica fractal: el significado se va envolviendo en sí mismo, repitiéndose, perdiéndose de vista en otros idénticos. Todo el lenguaje es un juego de espejos. Juegos del lenguaje: los tropos y lo tropical. “Quizá la realidad es también una metáfora” (1996:26). La India es un país tropical y trópico. Su naturaleza tropical le permite la variedad, lo simultáneo, que deriva de lo dual. Las deidades de la India son como el lenguaje: tienen en sí mismos su propia contradicción. Por eso, la acumulación de objetos, sonidos, colores y texturas lleva al autor del libro a recurrir  a lo poético para tratar de expresarlo. Los tropos del lenguaje son creación de formas inusitadas, de realidades excepcionales. La palabra escapa de su imaginada cárcel gramatical. ¿De qué está hecho el lenguaje? Y sobre todo ¿está hecho o es algo que perpetuamente se está haciendo? ¿Con quién y de qué hablan las cosas palabras? (…) el lenguaje no hala de las cosas ni del mundo: habla de sí mismo y consigo mismo (1996:26).

Por una parte, nos valemos de la realidad exterior para configurar las geografías interiores: “la montaña hecha a la imagen  del ser, manifestación sensible del principio de identidad, inmóvil como una tautología /el mar que se contradice sin cesar, el mar crítico del ser y de sí mismo”(1996:36). Troponimia toponímica: el lenguaje brinda la posibilidad adánica de volver a la simpleza de la existencia de las cosas. El edénico jardín por momentos permite que el hombre se reconozca como parte orgánica del mundo pero hace falta una palabra de más, un adjetivo creacionista para que la jaula simbólica se cierre. A través de las vueltas que le podemos dar al lenguaje, vamos circundando los significados que las experiencias han creado o se han creado para y por nosotros como sujetos experienciales. Derviches poéticos: girando y girando el tropo en un estado extático de contemplación errática de las palabras. O monos simbólicos avanzado  saltos por una maleza de significados de diferentes geografías literarias: metáforas enredaderas, cambur calambur, florecidas sinécdoques…

Así, vamos colgándolos de la maleza de signos que habitamos para no caer en el absurdo de la nada silente. Se llenan de las obras y las horas de enunciaciones figuradas o literarias. “Plétora termina en extinción: los signos se comen a los signos”(1996:390) porque son la única forma de intentar la aprehensión de las circundantes y heterogéneas cosas en sentido fenomenológico. Pero ya sabemos que la palabra tiene también su carácter cósico, por tal razón, su propio ser. Pongamos por caso un ojo hipotético que no vaya acompañado de su natural conciencia; podría reconocer la escritura como forma de simbolización, la vería agruparse, discurrir; pero no podría salir de ella misma y llegar hasta su propio ser. Ese ojo no tendría forma de reconocer el ser de la palabra.

La palabra, dicha o escrita, posee la cualidad de transmutarse y transfigurar. El canto de las sirenas. Por eso encanta. “Ahora mismo mis ojos, al leer esto que escribo, inventan la realidad del que escribe esta larga frase, pero no me inventan a mí, sino a una figura del lenguaje: al escritor, una realidad que no coincide con mi propia realidad que se pueda llamar propia.”(1996:53). Infinitas posibilidades del lenguaje: el poeta Borges, las lenguas de Tlön. Una serie de sensaciones, percepciones, intencionalidades puestas al servicio del nombre. Multiplicidad de significados que no se agotan en el mero acto de nombrar. El ejercicio de escribir es una de las formas primigenias de creación, antes de pensar en la cópula como acto creativo, el ser humano en sus primeros estadios crea a partir de sus signos. “El poeta no es el que nombra las cosas, sino el que disuelve sus nombres” (1996:96).

Por estos motivos, el animal humano poético funda nuevas cartografías lingüísticas. Ontología trópica: el eufemismo y la paráfrasis de lo inexistente. Las diferentes posibilidades que nos da el lenguaje por el que somos habitados. Lo tropical, circunscrito en lo trópico y en el trópico. Fenomenología semántica: los significados se amalgaman, van cobrando significancia a medida que se introducen efectivamente en el ser habitado por los tropos. Edad dorada, fluir del tiempo, metáforas limadas hasta perder su áspero y extrañado origen. Se vuelven convenciones y como tales dejan de ser originales y originarias. El animal poético, sabiéndose irrepetible, busca también esa irrepetibilidad  en su lenguaje. “Analogía: transparencia universal: en esto ver aquello” (1996:137). Así, trata de entenderse con las cosas, con el secreto susurrar dirigido a la conciencia que las hace objeto de interés y a la vez, configuradoras de sentido.

Los intersticios que están entre las palabras y las cosas se llenan a la luz de lo nombrable :”lo no dicho no es esto o aquello que callamos, tampoco es ni-esto-ni-aquello: no es el árbol que digo que veo sino la sensación que siento al sentir que lo veo en el momento en que voy  decir lo que ve)”(1996:50). No se pueden comunicar las imágenes interiores que se gestan a partir de la experiencia. A través de lo poético intentamos materializarlas pero siempre, al hacerse externas a la conciencia dejan tras de sí parte de su génesis. La propia escritura está constreñida: sólo puede combinarse de forma temporal y espacial siguiendo normas rígidas. En Occidente, de izquierda a derecha y de arriba a abajo. Transcurre. La narración se escurre de la conciencia mientras que la poesía acontece. Se permite usos no convencionales de los mismos signos que la cotidianidad va desusando o arcaizando.

EL mono gramático está lleno de puertas sígnicas: las rencionadas con el significado de las palabras y sus relaciones, con los elementos paralingüísticos, con la utilización de los relativos. Hay una sucesión de pasajes en los que es necesaria la interpretación de los signos de puntuación como elementos portadores de significados específicos. Como bien nos deja saber el autor, en la poesía todo es centro. Y centro se asocia con lo circular. Durante buena parte del texto encontramos portezuelas diseñadas a partir del uso de los dos puntos: insinuaciones, llamamientos. Sartre categoriza la función poética del texto como un llamamiento: un mensaje dirigido a la percepción estética, en sus términos alegría estética. Estas llamadas no se dirigen a la parte analítica del lector sino a su percepción sensible. Son, en sí mismas, partes significativas del discurso poético.

Así las cosas, no es gratuito el uso de la barra oblicua en la frase: “Hanuman mono/grama del lenguaje, de su dinamismo y de su incesante producción de invenciones fonéticas y semánticas”(1996:111). Aquí asistimos a la convergencia de significados dados a partir del elemento paralingüístico. Análogamente a la teoría del bing-bang en física, el poeta-autor busca retrocedernos durante gran parte del libro a la génesis del lenguaje-lengua: la palabra originaria de las que todas las otras son meros reflejos. Así, pretendemos la inteligibilidad de una condensación de significados-trazos-sonidos en un monograma primigenio que se ha esparcido a través del lenguaje-tiempo-espacio y va perdiéndose en la selva troponímica. Estos signos son insinuaciones del autor, gestos literarios: guiños. La complicidad necesaria para la comunicación, para el encuentro, para la comunión.

Un texto que es un producto exclusivamente subjetivo. Que está ambientado en los parajes del recuerdo y la reflexión del escritor. Las acciones suceden pero únicamente son existentes a través de prisma de las reminiscencias. Ejercicio de telepatía literaria: dos o más conciencias que se reconocen como tales a través de la escritura. Es de esta manera que la entramada trama de El mono gramático no transcurre, acontece. Se cierra sobre sí misma a la forma de un mandala. Una conciencia dirigida hacia el centro: éste es llegada y puerta de salida. El autor, Paz, sentado en su estudio en Cambridge pensando-escribiendo a Hanuman, su recorrido por Galta: este ensayo escribiendo acerca de ese ejercicio de reflexión-creación: Usted leyendo este ensayo: Ejercicio de mise en abyme.

REFERENCIAS

PAZ, Ocatvio. El mono gramático. Barcelona. España. Seix Barral. 1996

SARTRE,J.P. ¿Qué es literatura? Buenos Aires. Argentina. Editorial Losada.

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