Humberto Ak’abal

(Momostenango, Totonicapán, Guatemala, 1952).

Su primera colección de poesía, El animalero (Guatemala, 1990), tuvo un éxito inmediato con el público y la crítica y llegó a la tercera edición en 1994. Una fortuna mayor le deparó la segunda colección, Guardián de la caída de agua (Guatemala, 1993), reeditado en Guatemala en 1994 y 1996, y fue recibido con gran interés en otros países de América Latina y Europa. En 1995, el autor viajó a México, donde se publicó una breve colección, Hojas del árbol pajarero. En 1996 participó en el Festival Internacional de Poesía de Medellín. En ese mismo año, el investigador guatemalteco Carlos Montemayor cura una amplia antología de su poesía en k’iche y en español, acompañada de una introducción crítica, encabezada por el propio autor Ajkem Tzij – Tejedor de palabras. Una segunda edición de esta antología publicó en 1998 la Unesco, presentada en el Instituto de Cultura Hispánica de la Ciudad de Guatemala por el reconocido escritor Mario Monteforte Toledo. En 1997 publicó también en México Retoño salvaje, y apareció una edición francesa de sus poemas. El autor fue galardonado con el título Emeritissimum de 1993, por la Universidad de San Carlos de Guatemala, y recibió el Premio Internacional de Poesía Blaise Cendrars en 1997, en Neuchâtel (Suiza).
Ha publicado además: Lluvia de luna en la cipresalada (Guatemala, 1996), Hojas solo hojas (Guatemala, 1996) y Los cinco puntos cardinales (Colombia, 1998).
Ha sido traducido al francés (Le Gardien de la chute d’eau, París, 1997), al alemán (Trommel aus Stein, Zurich, 1998), y al inglés (Selección de poemas, EE.UU., 1998). Adicionalmente la antología Tejedor de palabras fue publicada en italiano por la editorial Le Lettere di Firenze.

Poemas

Camino al revés

De vez en cuando
camino al revés:
es mi modo de recordar.

Si caminara sólo hacia delante,
te podría contar
cómo es el olvido.

 

Canto teñido

Las hojas de los árboles
tiñen la voz

Por eso
el canto de los pájaros
es verde.

 

Las lenguas

Aquí también
se dividieron las lenguas.
No se hizo ninguna construcción
fuera de lo normal.
Todos estaban en sus cabales
y a flor de tierra.

 

Vuelo

Soy pájaro:
mis vuelos son
dentro de mí.

No sé

Mi pueblo
Me vio salir en silencio.
La ciudad con su bulla
Ni cuenta se dio
De mi llegada.
Dejé de ser campesino
Y me hice obrero:
No sé si adelanté
O retrocedí.

 

Una persona

Una persona triste
no es una persona.
Es un pedazo de algo
que camina
con la mitad de la vida.

 

Piedras

No es que las piedras sean mudas;
sólo guardan silencio.

 

Allá

Allá
de donde yo soy
es el único lugar
donde uno
puede agarrarse de la noche
—como de una baranda—
para no caer
en la oscuridad

 

Chonimutux

Las noches en Chonimutux
son espesamente negras.
Puede llevarse
un poco entre las manos
y tapar con ela
hoyitos en las paredes.
Son como barrancos boca abajo.
Si te quedás viendo su hondura
Sentís irte de cabeza
como si la tierra estuviera arriba
y uno parado en el cielo.

 

A veces ríos

Si llevan agua
son ríos.
Si no,
son caminos.

 

El triste

Yo prefiero ser triste.

De la muerte sólo me separa
el silencio.
¡Ay, de los alegres!
Para llegar a la muerte
tienen que pasar por la tristeza.

 

Hablo

Hablo
para taparle
la boca
al silencio.

 

Poesía

La poesía es fuego,
quema dentro de uno
y dentro del otro.
Si no, será cualquier cosa,
no poesía.

 

Embarazada

“Cuando yo estaba embarazada,
Esperándote,
Sentía muchas ganas de comer tierra,
Arrancaba pedacitos de adobes
Y me los comía…”
Esta confesión de mi madre
Me desgarró el corazón.
Mamé leche de barro
Por eso mi piel
Es de color de tierra

 

Pluma encendida

Mientras la pluma
se mantenga encendida
las palabras del poeta
deben arder sobre la hoja
hasta que el lector
quede ciego.

 

Jaguar

Otras veces soy jaguar,
corro por barrancos,
salto sobre peñascos,
trepo montañas.
Miro más allá del cielo,
más allá del agua,
más allá de la tierra.
Platico con el sol,
juego con la luna,
arranco estrellas
y las pego a mi cuerpo.
Mientras muevo la cola,
me echo sobre el pasto
con la lengua de fuera.

 

Si yo volviera

Si yo volviera,
no sabría por dónde
comenzar a buscarte.
La ciudad es tan grande.
Paso a paso
se me acabarían los pies.
Si supieras
que con cada suspiro
quisiera borrar el mar.
Cómo duelen los sueños.
Tengo miedo;
no sé si fuiste real.

 

Quisiera dejarte

Quisiera dejarte mi corazón
así como está:
roto.
Con el sueño de que tal vez
la grieta pudiera servirte de
puerta.

1 respuesta

  1. marzo 5, 2013

    […]   Humberto Ak-abal […]

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