Luis Alonso Cruz

LuisAlonsoCruz-C(Lima, Perú, 1981). Poeta y narrador. Ingeniero Industrial de la Universidad de Lima, con maestría en Gestión del Conocimiento por la Universidad de León de España. Ex miembro del Taller de Poesía de la Universidad de Lima entre los años 1999-2003 dirigido por Renato Sandoval. Publicó el libro co-autoral Tetrameron (Fondo de la Universidad de Lima, 2003), y luego los libros Lumen, trilogía del espíritu (Nido de Cuervos, 2007); Radio futura, dentro de la Colección “Piedra y Sangre” (Lustra Editores, 2008); Osario de criaturas perplejas (MiCielo Ediciones, 2014) y La música del hielo (Pájaro en los Cables Editores, 2015). Ha colaborado con las revistas Evohé (2000 y 2001), Tinta Seca (2001), y en los proyectos virtuales Isla Negra (2006), Urbanotopia (2007), Asamblea de Palabras (2015), Revista Grezza (2016) y Cofibuk (2016), así como el fanzine de ciencia ficción Agujero Negro (Perú, 2012) y en la revistas del mismo género Portal de Ciencia y Ficción (España, 2014) y Korad (Cuba,2015) . Poemas suyos aparecen en la recopilación Versolibrismo, poesía y arte contemporáneos (Río Negro, 2013), en la muestra poética Cuatro poetas peruanos (El Quirófano Editores, Guayaquil, 2013), Plexo Perú Poesía y Gráfica Perú-Chile (Editorial Quimantú y Casa Azul, Valparaíso, 2014) y en el muestrario de poesía peruana actual Mirando sobre el heno (Vallejo & Company Ediciones, Lima 2014).

 

 

PODCAST DE POEMAS DE LUIS ALONSO CRUZ


 

 

POEMAS DE LUIS ALONSO CRUZ

 

 

Los años perdidos

I

El nombre de esa familia se ha borrado de todas las puertas
fue tan efímero su paso,
como una onda de sonido
como un grito ahogado en el bosque.

Mi recuerdo de esa familia es un charco turbio,
como las horas que pasaban en el tranvía
tomando cada palabra de la madre como un alimento
y yo, desde el ángulo opuesto
oyendo, deseando en el fondo el mismo alimento.

Tengo una impresión que se desgasta con el Sol de Noviembre

Las horas se caen,
gotas y números que hacen ruidos extraños
y en el pecho forman una caja de resonancia
que es
una pista de baile donde la hermana mayor de esa familia
bailaba a oscuras,
junto con las siluetas de sus camaradas y pretendientes
todos a contraluz jugando a ser mujer
con una muñeca en el brazo y un dulce relleno de alcohol.

Después escuche de esa familia en los amaneceres,
los hijos vivían y morían en la madrugada
renovación espontanea
y mañanas en paralelo
¿Quién cruzaba esos siete mares de la hija?

Esos recuerdos me mantienen cantando,
sin voluntad, sin alma
sobre mis hombros el mundo
pero
soy un Atlas cansado
pálido
y con cada año
la impronta de esa familia pesa más
me rompe un milímetro adicional
de estas vértebras cansadas

¿Cuantas fotos se tomó esa familia y en especial su hija?
Solo se han revelado los oscuros años,
desiertos con soles negros
relámpagos que rompían las ventanas
y a su paso
humos que tomaban la forma de sus camaradas
danzando en otro tiempos,
postales de aeropuertos derruidos,
cansancio en los ojos
de todas las mujeres de esa familia.
Golpes en la piel, golpes en su frágil inocencia y quebrantos en su lenguaje.

Polvo eres, polvo de tiempo, de relojes
ahora con los años muertos
con los huesos de esa familia en el panteón
¿que será de mis recuerdos,
también serán un esqueleto del viento?
II

Hombres, mujeres y sus respectivos hijos
a ciertos ángulo de luz
se vuelven alambres
bailando contra el polvo
y con el humo de las fogatas
recuerdan a las vírgenes agonizantes
en los campos de batallas
(Las mujeres,
criaturas benditas de Dios)

Las familias se recuestan
sus cabezas forman arboles
y pendientes
y en sus sueños las viejas calles de Varsovia
o Bremen
hacen juego con las nubes que contemplan.

Hace nueve años,
recuerdan,
una niña cruzaba el puente
se perdió entre perros hambrientos
hombres con ojos carbonizados
y entre tranquilos murmullos
de los niños que la acompañaban.
Luego sus pequeño cráneos derramados,
eran advertencias para los que venían atrás
para las criaturas sin bautizar.
La niña se volvió un mártir
para una ciudad de puentes colgantes,
de cielos con inviernos subtropicales
para músicos que perdieron los brazos y el gusto.

El recuerdo me convierte en “otros”
tomo la consistencia de un líquido,
una burbuja que explota rápido,
y otra vez,
retrocedo en el tiempo.

Esta niña mártir, antes hermana,
ahora juega con el cuero, con el látex
es puro juego aún,
pero sus dientes ya dejan heridas.

Yo no sabía nada de esto
igual que las familias que retozan en el bosque
y cuyas cabezas forman árboles.
Yo solamente tenía el sueño pesado,
tenía la imagen de que algo estaba sucediendo
pero esta ciudad de puentes colgantes
y de colillas de cigarrillos
siempre jugó en contra de mis recuerdos.
III

Es muy tarde,
la bruma baja, un velo en los ojos
y un mantra en la cabeza.

El malecón se porta como un libro,
aguas apacibles que se transforman en letras
y traen imágenes de la muchacha fotógrafa,
que en paralelo tomaba fotos a mi sombra,
a los desiertos del Sur
y quizás a una chica que se perdía entre los huesos
de una casona.

Caos a esta hora,
el olor de todos los años
se asemeja a cuero curtido
y a las cabezas de cordero
de los miles de mercados que visitamos en sueños
y sin embargo
trato de congelar esos momentos,
quisiera ser un nigromante
y poder mirarte por esa esquina
aunque los ojos los tenga contra la pared.

Mi agusanada memoria,
cree que tocó tus manos hace nueve años,
pero en realidad,
había tocado tu foto y lo había hecho una y otra vez,
hasta que se volvió polvo
Y así
recordé el juego que hacía en las tardes
no tan soleadas
moldear un árbol y guardarlo en el cajón
sacarlo después de un año para ver que ya no era eso
y volver a moldearlo.
Y este es mi castigo.
Siempre deberé moldear este árbol
Para acordarme de la imagen de la hermana
La hija de Sísifo
¿o mujer? ¿o sacrificio?
la niña con botas de cuero
y sonrisa de látex, la que desaparece en Agosto,
mientras la ciudad sigue con sus puentes colgantes
y mis recuerdos se quedaron en las paredes.
IV

¿Cuánto puede llover en esta ciudad?
desde los primeros inviernos hipnotizados
caminando por calles donde se desfiguran
la adolescencia y la juventud,
Parques, años, mascotas y licor mucho licor
eso es lo que ha llovido en los diez años
desde que la familia desapareció
y dejó a su hija
entre coronas de espinas y luces a medio encender,
cuando las madrugadas no eran iguales
para dos personas
porque una puede vivir en cuarta dimensión
y la otra no tiene dimensión del precipicio del cual cuelga.

Pájaros de arena,
Pájaros de porcelana
todos comen de una mesa que se disuelve
en un blanco desliz,
en un improbable domingo por la mañana
cuando los desayunos son recordatorios
de que las familias son estatuas dentro de grandes museos
mientras uno va saliendo por la puerta trasera
despacio,
para que la luz no le caiga a uno
deseando cambiar de nombre,
y cambiar las calles que se han recorrido
con esa identidad
ilusiones,
imágenes de caleidoscopios
mariposas de hierro tratando de volar
mientras la sangre de una jovencita
fluye, fluye y fluye

Suena Everything but The Girl
Y las palabras que se dejaron de decir
en la Lluvia totalizante de esta ciudad
recuerdan
Que arrancaron el árbol cuando éramos felices
Y que ahora me han dado ganas de volverte a escribir

pero contengo la mano,
soy la estatua en medio de la bulla
V

Como si fuera una sugerencia,
El océano entra con su música
como el sonido entre dos letras,
como la comisura que dejan dos bocas entreabiertas.
Así,
es como recuerdo esas noches
dos piedras chocando para hacer la luz,
las manos toscas tratando de amoldar
un marfil
con la misma vieja imagen al fondo del salón
gritos de mujer,
gritos de hombres
y un deseo de quedar dormido
hasta que la humanidad se acabe.
La tornamesa y los discos,
eran la escritura en donde se salvaría la humanidad
donde los rostros de todas las familias
puedan dejar sus lágrimas
y también el miedo de que sus hijas se vuelvan bailarinas de cabaret.
Bajo esta paz,
el arma está escondida en la almohada
lista para borrar recuerdos
y si todo falla siempre las pastillas
para convertir la memoria en pantallas,
Imágenes retro y fugaces.
De esta manera se escribe
(entre fiebres y aullidos)
La poesía del cuerpo y de los años perdidos

 

 

Sankt Ankton

Un viejo contempla sus recuerdos,
“los huesos carcomidos,
renueven estas memorias del futuro”
.

El mismo se ordena:
No cantes,
no mires
y no finjas,
mantén la sensación del olor,
del último jardín botánico
que visitaste antes de ir a la guerra.

“¿Por qué no desfalleciste
en el regazo de la joven, la que pronto sería tu amante?”

Porque mis deseos
se vuelven opacos con la garúa,
y en el recuerdo de cada antorcha que queda
de las casas que incendié.

Así se dispersan los años,
se consumen como ese fuego
a la entrada de la cueva
se van como puntos perdidos
o como el mar lleno de nietos ahogados
o en mis notas
“siete veces siete”.

Ahora el anciano recuerda imágenes;
la Biblia sobre la mesa
el perro pastor con los ojos perdidos
saboreando el purgatorio
y el golpe de otro recuerdo-imagen:
las máquinas y sus piezas invisibles.

“Tú quisiste este juego,
subir escaleras en la mente
y caer para revolverte:
también querías ropas gastadas y con cadáveres frescos,
para que al final
la doncella que estaba al final de las escaleras
la dejaras desaparecer en el espejo”

Aquí,
la juventud y los ojos se han desperdiciado.
El deseo se cuarteó en la memoria del viejo arquitecto

 

 

Tiergartenstrasse-4

Abro puertas,
hago cálculos
siento la dicha de saber todo,
todo lo que deseo.
Reconozco inscripciones
cosas que se me ocultan
la danza de los desposeídos y de los sacrificados.

No hay cosa que no se pueda ver,
animales pequeños,
o espíritus de grandes seres.
Todo da vuelta
en un ritual
páginas olvidadas
donde existen grandes verdades:
Nada me es extraño

La mano,
el torso, los ojos,
piernas,
Juventud bullente en las llamas de rituales
para transformar plomo en piedras filosofales
¿en provecho de quién?

Vivo en la división de la alegría
un metal negro
entre la piel de cada poema
pero aún no dejo de apretar los dientes,
esperar un momento de piedad,
quizás es mucho pedir
que la vida no sea un paralelo
o tierra endeble donde todos mis castillos se hundan.

 

 

2. De La música del hielo

¿Qué le hicimos a la juventud?
nos pasamos construyendo barcos,
arrojando leños a la caldera
y cuando la madre nos esperaba con su
segundo vestido de novia,
nosotros nos hicimos a la mar
buscamos ciudades,
calles,
plazas,
lo que sea.
Nos ensuciamos como corsarios,
ladrones, piratas, amantes.
nos ensuciamos con las migajas
de las leyes de Moisés,
(Pequeños recordatorios de nuestra piel reptiliana)
nos permitimos encallar en lechos,
repletos de voluptuosas flores,
llegamos al misterioso fin del mundo.

Y al día siguiente:
Las constelaciones se volvieron hogares seguros
por ahí se metió la madurez,
con sus ríos de sangre tibia
sus sonidos de huesos humillados,
la cama hecha y las banderas siempre a media asta
La madurez trajo el sonido de la cocina
y del agua hirviendo al calor del último témpano.
La Osa Mayor fue un recuerdo fecundo y feliz

 

 

Oslo

Eres un niño buscando refugio, no te hayas en Babel ni en Helsinki.
Los osos te enseñan a escribir, el fuego lo aprendes del mismo cielo.
Tantas pequeñas flores se te caen,
que se vuelven canas en tu memoria niño,
ojos envueltos en unas vendas, heridos por la geometría de la nieve.
¿Es posible dormir en Oslo,
es posible formar círculos con el agua y el viento de Oslo?

No observemos el juego de los niños entre la bruma,
somos caminantes aprendiendo lo que es la heráldica.
Creemos que la desolación puede impactarte niño,
(como mensaje oculto en el palacio de la ópera)
Pero
¿Cómo la limpieza de tus dulces recuerdos se han quebrado, niño?
¿Fueron dos palabras que te susurramos?
Y tú sigues con tus juegos,
recordando el triunfo de Thanatos sobre Eros.
(el metal despedazado de los trenes, el cascarón de las casas, los perros muertos abrazados a sus amos)
Y sigues, porque Oslo es tu bosque personal
tu cuento de hadas y la madre que nunca tomó el último tren para verte.

 

 

El sudario de cristal

Ya quizás Vallejo perdió la respuesta,
dos hombres quieren encontrarla
y para eso revientan los brazos de un ángel de Chagall,

Mientras otros raspan,
la saliva endurecida en la piedra Rossetta.
Valery busca sus lágrimas,
no encuentra esas escarchas de metano,
y para sentirse más humano se sienta
y toca con un organillero la procesión
en medio de la Santa Compaña

Una pareja busca su rostro perdido
en los maniquíes de una tienda en la Quinta Avenida,
entre los cristales rotos después de la algarada a la muerte negra,
la que cayó sobre Nueva York
y dejó en tensión los minutos antes del amanecer.

“Victimas”, eso pasa por la mente de Eguren
el mismo está sentado como una víctima,
en el borde del Volga,
procurándose versos con lo que llenarse el esófago.

Aquí, uno siempre está agazapado,
con este pequeño prisma que le robó a Verlaine,
(que a su vez fue una herencia de la princesa de Cleves),
siempre esperando el momento que uno pueda ser una fiera
y asaltar al último ser humano que camina por la noche,
y convertirse en sus pesadillas, y acompañarlo…

Ni Mishima, ni Otomo,
ellos que siempre dan una luz, que sus tintas son unos faros
ni ellos pueden sustraerse a este agujero negro
el mismo que hizo de Tokyo un fantasma,
que se apropia del alma de cada palabra
y las vuelve en sonidos secos, como mantis en su apocalipsis.

Heine y Hölderlin ríen en Baviera,
se sienten seguros mirando,
contemplando los restos de todos los demás,
aquellos que enloquecieron por la meningitis,
aquellos que corren por las laderas, mientras se están calcinando y esperan
el capítulo de alguna bienaventuranza.

Y sin embargo los pobres, los que siguen al Sur escapándose de ese eterno reflejo
que les enseña su negativo,
que les muestra su lado sepia,
Ellos están listos para escribir su propia ciencia ficción,
Están listos para construir a Bradbury o crear la réplica biomecánica de Philip Dick,
pero siempre alguien les pone la mano encima.

Lagervitz o quizás Waltari,
ellos están en continua creación de la onda en frío,
la que pone en sinestesia todos los versos,
la que después de recibir y enviar miles de golpes en la construcción de un poema
permite la histéresis en sus espíritus.
El final,
El mundo, el poema,
El verso, la palabra
El sonido
El pre-texto del sonido:
Es un sudario de cristal

 

 

París 1874

Cuando el vals escapó del piano,
su cuerpo fue uno con él
“La Idea había triunfado”

Todos los héroes que llevó en su sangre,
danzaron,
esqueletos reventaron el témpano del recuerdo
y otra vez fueron macabros,
como los jóvenes.

Ella siguió escapando en el vals,
se confundían el piano y sus cabellos,
todo eran notas y pentagramas gigantes.

En la mesa, el aire y el vino abren un nuevo mapa;
el pasado tenía al Segundo Imperio como un cuadro eterno,
las barricadas eran cuadros y poemas,
Prusia era un huerto virgen.

No estoy seguro que lengua usaba,
quizás ella era de Sumeria,
pero sus dedos ya estaban creando zigurats
y el piano la obedecía

Quince años desde ese día,
Quince años frente a este cráneo que tengo en las manos
sus batallas son las marcas en la superficie,
costras de sus pensamientos,
que mis dedos acarician,
recuerdos de familias en llamas.

El cráneo me llama otra vez;
veo fijamente a sus orbitas vacías,
Me acuerdo de ese vals, tus dedos, tus cantos
Tú: inmenso pentagrama;
De improvisto me ilumina una pregunta,
Pero callo…

La Idea y ella habían triunfado
como Chopin esa noche…

 

 

El Rodaballo

Enrejado,
son mis límites al acecho.
Mis bordes definen el cuerpo,
no se expande lo que no ves,
y el ojo unido al suelo
que hasta la palabra se vuelve estrecha

Alguien sentado en la estepa,
es una prótesis de mi cuerpo:
por él canto, por él pienso,
y su mente la tengo enterrada en el fango.

Algún día, me lanzarán un guijarro,
en su caer desgarrará la noche que conozco,
y al herir mi costado,
la herida será el vacío entre la luz del sol y este diminuto contorno,
y sabré que todo fue en vano.
Esperar y callar es lo que queda.
¿Acaso supurará la penumbra en mis vertebras?

 

 

Himno aéreo

Dije esta mañana: “¿cómo perdimos Verdun?,
¿cómo nos abandonó Von Molke?”

En tanto en la mesa había cadáveres de los
niños que jugaron alrededor.
Nunca los quise ver, pero sus cabellos
se quedaron entre mis dedos.

La mesa ya no está sucia más,
pero extraño ese sonido de metal en sus juegos

 

 

El primer parecer

Amaneceres en rojo, el día es un elástico interminable.
Sentado en un muro y dando la espalda a una mirada prístina,
oculto en el corazón del magma, me acechaba lo oscuro.
Cuatro o cinco segundos antes del holocausto,
apareció con una mano llena de hiel para inyectar todo el reloj
de la historia.
Sentirse hombre ya no es lo mismo desde que cargas con la invasión
de Normandia cantada en la televisión.
Sentirse hombre ya no es lo mismo desde que has visto la belleza
púrpura de la soberana entelequia, y esta a su vez miro directo
al pensamiento.
Ya no se es humano desde que conoces su voz…
Ahora eres un recuerdo en una tumba colectiva, eres el recuerdo de la ceniza
del fuego anciano.
Todo se disuelve en el lecho del minutero.

 

 

Siberia Oriental hace 65 millones de años

El patriarca ha dado su penúltimo saludo al Sol:

“El cetro y la corona pasan a nuevas alas;
la llave estaba lista desde el día de mi nacimiento;
solo segundos antes y hubiera luchado por la vida.
El otrora hogar hoy es un espantoso pantano de garras,
Incontrolables deseos y estrellas muertas en
La tierra”
.

El Sol ha dado la mitad de su recorrido
Y los pensamientos se evaporan junto al mar.

“Este nuevo sitio huele tan familiar,
un nido destruido puede traer muchos fantasmas,
y el mar siempre estará con su boca esperándonos”
.

Ahora que el Sol ha sido saludado del todo,
Comienzo el peso de una vieja historia.

“Siempre me preguntaba si vería otro día.
Hoy ante la certeza, solo queda dormir.
Mi fin llegara mañana”.

Una estrella moribunda al otro lado está por caer,

“Solo soy un fin entre tantos,
mi último aliento va por ellos”

Y en el último instante toda la especie
Se convirtió en letras de fuego.

 

 

1502

“Tú me creaste, echaste a perder todas las demás posibilidades”, rezaba
una placa metálica que vivía en la simbiosis absoluta con un matraz viejo
y cansado de ser la puerta de tantos monstruos.

A toda hora se oye los suspiros de algún amor demasiado mortal para
tener la dicha de ser escuchado por unos oídos tan puros de oro y rubí,
manchados por la ignominia de los fracasos humanos en terrenos tan blandos
como maderas de robles que ellos mismos han destruido sus dientes de tanto masticar mentiras
Grabadas en sus cuerpos y empotradas en sus pechos.

En los museos se guardan los restos de calaveras que alguna vez implosionaron
por sostener la audición de tantas verdades juntas que al paso de un átomo a otro
se iban deformando en duendes que les quemaban parte de su alma en las narices
de sumos sacerdotes secuestrados.

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