Luz Mary Giraldo

Luz Mary Giraldo(Ibagué, Colombia, 1950). Poeta, ensayista, historiadora de la literatura y antóloga. Profesora titular de la Universidad Javeriana de Bogotá y asociada de la Universidad Nacional de Colombia. Ha obtenido varias distinciones, entre ellas: en 1998 Beca Nacional de Literatura del Ministerio de Cultura, en 2011 la Casa Silva de Poesía le otorgó el premio nacional «La poesía como una casa» y en 2012 el premio Internacional LASA-Montserrat Ordóñez por la antología Cuentan. Relatos de narradoras colombianas contemporáneas. Entre sus libros de poesía están: El tiempo se volvió poema (1974), Camino de los sueños (1980), Con la vida (1997), Hoja por hoja (2002), Tarjeta postal (2003), Sonidos en la luz (2009), Llévame como un verso (2011) y De artes y oficios (2015). Es autora de los libros de ensayo: En otro lugar. Migraciones y desplazamientos en la narrativa colombiana contemporánea (2008), Más allá de Macondo (2006), Ciudades escritas. Literatura y ciudad en la narrativa colombiana (2001, 2ª edición 2004). Ha publicado varias antologías de cuento, narrativa y poesía, así como valoraciones críticas de las obras de Fernando Vallejo, Germán Espinosa y R.H. Moreno-Durán, entre otros.

 

Poemas

 

Más poderoso que la muerte

Como árbol de nubes y manto de pájaros al aire
llega el amor que desordena todo
con su música breve.
Más dulce que el vino y más poderoso que la muerte
llama con voz de seda tejida en flecha ponzoñosa.

Es vuelo de colibrí suspendido en el aire
y llega como se va:
desafiando el silencio.

 

Entre el cielo y la tierra

Como Hestia a su amado, me recuesto a tu amor,
y veo ascender el canto de los pájaros
seguido por el ojo de un gato en la penumbra.
Oigo la gota que cae con su luz
como si el hilo de una cometa se soltara
hasta elevarse de manera perpetua
entre el cielo y la tierra.

Acaricio cada instante
lo saboreo
lo guardo en la memoria
como quien envuelve migas de pan
para la última noche de invierno.

 

Pájaros que ensordecen

Con tu nombre
la mañana se llenaba de árboles.

Márgara Russotto

Después de un sol radiante
cae la noche en el jardín como dibujo hecho trizas.
La vida queda en cero
y los pájaros ensordecen y fastidian
como perros guardianes en la oscuridad.

No alcanzas a ver el resplandor de los poemas
en el árbol donde cantó una alondra.

 

Donde está la vida

En esta casa
donde cada palabra es un canto
una meditación un quejido
que vienen del silencio
cambian de sitio las memorias.
El color de la luz es cada hora diferente
y si el viento se asoma a las ventanas
es otra la sombra de todos los mortales
otro es el gato que sube los tejados
o el perro que ladra ante la puerta.

Alguien golpea
como buscando lugar a su tristeza
un sitio a la alegría
una página en blanco
la pantalla de algún ordenador
la luz que se enciende con el tacto
música grave
que de lo profundo llega.

Se abre la puerta
y uno por uno entran los vocablos
se instalan en una habitación
como poniendo en su lugar los muebles
y se encuentran las luces con las sombras
cuerpos celestes.
Entran
sonidos que ascienden o descienden
por el pentagrama
se posan en la página
letras que salen del lápiz o el teclado
y caminan mirándose a los ojos
acomodan sus voces y sus tonos
recorren cada uno de los sitios
auscultan los rincones
se ubican en el patio o en la sala
y saben que ahí está su casa
donde cada palabra y cada gesto
nos reúne a todos
como en última cena.

Con todos los vocablos
dóciles ecos de la luz*
oímos el canto de los pájaros
que rasgan el aire como un chelo
o gritan como un violín que rompe el arco.
Se oyen de una pared a otra
caminan del corredor a la cocina
habitan esta casa
donde la vida pasa breve
tomada de la mano con la muerte.

 

* Armando Rojas Guardia

 

En mi cuaderno

Un rumor se detiene en mi cuaderno:
el pájaro esconde su pico bajo el ala
cae la lluvia y refresca la mirada.
El gato se ovilla adormecido
la luna dibuja la soledad de los amantes
la alegría pasajera de su beso
el mar atormentado
la ciudad que se queja.
El perro guarda silencio
y crece la tarde de los pájaros.

En mi verso soy libre*:
trazo una línea vertical en el cuaderno
otra persigue el horizonte
y la vida camina de puntillas
con la muerte enredada en cada una de mis letras.

 

* Dulce María Loinaz

 

El tren de la memoria

Como paso de tren cuando avanza cauteloso
deslizándose
aquí el puente del abismo
el túnel oscuro en el silencio
y la pradera dibujada con el pincel finísimo
al viaje de mis ojos.
Mujeres en los puertos con sus viandas
niños aquí y allá
y el sol ardiendo en medio de la tarde
mientras el ruido vuelve a la memoria
cuando viajar era deshacer lo rutinario
dar vuelta hacia el origen
al centro de la infancia
donde se cruza el horizonte.

Como paso de tren regreso con cautela
oigo y atiendo aquello que alimenta mi recuerdo
y están los pueblos
las estaciones polvorientas
la casa como un punto en la montaña
el color de las frutas en los árboles
la tierra caliente y sus olores
y la gente que sube y se acomoda
para el tránsito fugaz del no sé dónde.

Oigo el tren que regresa
con su ruido y su sombra
lo oigo pasar
como pasa la vida
sin que nos demos cuenta.

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