Miguel Méndez Camacho

Poeta, Doctor en Derecho, Ciencias Sociales y Políticas – Periodista  Universidad Externado de Colombia. Nació en Cúcuta, Colombia, 1942.  Autor de los libros de poemas, Los golpes ciegos (1968); Poemas de entrecasa (1971); Instrucciones para la nostalgia (1984); Desencantos y cantos (Selección poética, 2003); Memoria de tu cuerpo (2003); La primera cosecha que dio pájaros, (Instituto Caro y Cuervo 2004); Antología, en la Colección viernes de poesía Universidad Nacional de Colombia (2005). Ha publicado una novela, Malena (Alfaguara, 2002); y los libros de crónicas y reportajes: Papeles (1978); Perfil y Palote (1983), además de otros ensayos, artículos y publicaciones. Ediciones Exilio, que dirige el poeta Hernán Vargascarreño, acaba de publicar su obra completa bajo el título Tristura -Poesía reunida-

Decano de la Facultad de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Externado de Colombia desde 1991. Fundador del Concurso Universitario Nacional de Cuento Corto y Poesía de la Universidad Externado de Colombia, de los concursos nacionales de Poesía, Eduardo Cote Lamus, y de Cuento, Jorge Gaitán Durán.

Poeta homenajeado en el año 2004 por el XII Festival Internacional de Poesía de Bogotá. Director de la Colección Clásicos de la Literatura Colombiana (27 ediciones, Editorial Colcultura). Director de la colección de poesía Un libro por centavos publicación que busca la amplia divulgación de los poetas más reconocidos en el ámbito nacional e internacional, y la promoción de los nuevos valores colombianos del género; esta bella y económica edición se obsequia en casas de cultura, bibliotecas, colegios, universidades, cárceles, y organizaciones gubernamentales.

 

 

Ficha Redes Miguel Méndez Camacho4

 

 

PODCAST DE POEMAS DE MIGUEL MÉNDEZ CAMACHO 

POEMAS

 

Escrito en la espalda de un árbol

No recuerdo si el árbol daba frutos
o sombra,
sólo sé que dio pájaros.

Que era el centro del patio
y de la infancia.

Que en la madera http://comprar-ed.com/viagra.html fácil
tallé tu nombre encima
de un corazón flechado.

Y no recuerdo más:
tanto subió tu nombre con el árbol
que pudiste escaparte
en la primera cosecha que dio pájaros.

 

Lucrecia

Mi madre nunca tiene en los poemas
un lugar muy exacto
siempre está dando vueltas
huyendo y regresando
aquí y allá de la vigilia al alba,
limpiando
y remendando mis palabras
como si fuera oficio de la casa.

 

 

 

La soledad

Si miramos el rostro de la amada

y cerramos los ojos

para palparlo luego en la memoria

el fantasma del miedo.

Por eso los amantes

no se dan nunca nada el uno al otro

y las manos que recorren los cuerpos

no persiguen la piel

sino el olvido de la futura soledad.

Y las caricias se prodigan

no a los cuerpos

sino al vacío de la ausencia

al temor de quedar sin compañía.

 

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