Pablo Estrada

pabloestrada2016c(Bogotá). Es profesional en Estudios Literarios de la Universidad Nacional de Colombia. Ha sido corrector de estilo, docente y actualmente es gestor editorial de revistas científicas de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Ha realizado conferencias, seminarios y eventos literarios en diferentes ciudades del país. Ha sido invitado a algunos festivales de poesía. Ha creado grupos y proyectos culturales como Superficies (propuesta que integra poesía, música, video y fotografía), el Negacionismo poético, el grupo literario Caterva y recientemente Asociación de ideas. Es fundador y miembro del comité editorial de la revista de cuento Aceitedeperro. Cuentos, poemas y artículos suyos han aparecido en revistas, periódicos y libros nacionales y extranjeros como Bogotá por Bogotá (2008), Cenizas en el andén: cuentos de la ciudad (2009), Suenan voces. Antología RENATA III (2010) y Poetas que hay que morir antes de leer (2013). En 2012 se publicó en Caracas, Venezuela, su libro de poesía El fuego en la herida y en 2015 Entre esto y aquello.
 
 
 

POEMAS DE PABLO ESTRADA

 
 
 
Homenaje a Charles Bukowski sin botella

Anyway the wind blows…

«Bohemian Rhapsody», Queen

Esta tarde vi el arco iris
—con el que de niño me maravillaba—
sobre pálidos edificios
—con los que ahora me asqueo.

Vi a una niña miserable
jugando a las muñecas
—pronto cambiará la casa
de ellas por la de lenocinio.

Entré a una librería desierta,
pedí El almuerzo desnudo
y me ofrecieron Rayuela…

Desde la distancia enturbiada
escuché música de los Doors
y me animé un poco, sólo eso.

Quise entrar en un bar de negros
pero mi piel no era
lo suficientemente oscura,
quise entrar en un bar de blancos
pero mi piel no era
lo suficientemente clara.
Vagué solo por las calles.

Pienso que esta ciudad es un caos
y que la vida es un asco
—a veces, no siempre, claro
(lo pienso)—,
sin embargo el sol brilla allá arriba
—y parece no querer dejar de hacerlo—,
se ve el arco iris, tras la lluvia,
el viejo Sábato aún vive
y escribe mensajes optimistas
—hasta ilusos, yo diría.

Y supongo que por ahí
debe haber algo bueno para mí.
 
 
 
It’s over
(Homenaje a Edward Hopper)
 
Es tarde
para prolongar los aplausos.
La sala está casi vacía
y el escenario desnudo…

Es tarde
para anhelar más caricias.
El cuarto está casi vacío
y recién hecha la cama…

En la radio
suena suave una canción.
«Se ha acabado»
es la primera frase…

Apago las luces
y cierro la puerta.

Entonces nos vamos
sin tomarnos de la mano…
 
 
 
Pluvio
 
Desde un rosáceo cielo
caigo…
como amarillenta gota
de soleada lluvia
me deslizo por las calles,
alimento mis pasos,
mojo tus labios
cuando besas el suelo
de la tierra que amas,
la misma que pisas
–a veces se pisa lo que se ama
y otras se ama lo que se pisa.

Desaguo en alcantarillas,
recorro agrios campos
segados por siniestra guadaña
o cegados por diestra guadaña,
goteo como sangre,
crezco dentro de un árbol
pero no maduro ni florezco.

Me seco, me muero…
ante tu vista fija
me desvanezco, me evaporo
y subo al cielo…
 
 
 
Self-portrait (from the distance)
 
Llueve hoy aquí,
ayer también,
mañana quizá.

Seguro que en este momento,
en otro lejano país tercermundista,
debe estar lloviendo
y un tipo igual que yo
debe estar viendo
cómo llueve
a través de la ventana,
escuchando blues en la radio…

Sintiendo
que sus sueños se desvanecen,
sus ilusiones se esfuman
y se agota su paciencia;
que el mundo es una mierda
y que está cansado
de ser tratado como perro.
Deseando salir a la calle
y caminar bajo la lluvia
envuelto
en un cómodo abrigo,
cubierto
por un impermeable azul…

tomarse un trago decente,
un café caliente;
probar algo de comida
poco saludable
y bastante costosa…

regresar luego a casa,
tomar un baño tibio
y hacer el amor
con una hermosa dama
complaciente y silenciosa.

Seguro que está creyendo
que aquí
también llueve
y hay un tipo
como él
haciendo y pensando
las mismas cosas.

Seguro que lo cree
pero jamás
podrá saberlo
con certeza.
Yo tampoco.
 
 
 
fe y alegría
 
Fe y Alegría se llamaba
el colegio donde mis hermanos menores
estudiaron en una época
cuando lo que menos había
—en nuestra familia—
era precisamente eso.

vivíamos en un barrio pobre
en la ladera de un cerro
donde el viento pega fuerte
y la hierba crece alta.

papá recién había muerto
y habíamos quedado en la ruina
—tanto moral como económica—,
mamá trabajaba muy muy duro
para llevar el pan a casa.

las esperanzas estaban puestas en mí
que empezaba la universidad
pero yo sabía que no representaba
ningún porvenir para nadie,
ni para mí mismo siquiera.

hambre, pobreza, frío, mugre,
desesperación y angustia,
mucha miseria, nada alentador
—no quiero recordar más
para evitar resentimientos—,
eso era todo lo que había
pero fe: ninguna y esperanza, menos

***

luego mis hermanos estudiaban
en otros colegios —no sé los nombres—
y las cosas ya no estaban tan mal;
aunque persistían las dificultades,
sobre todo económicas.

pero a veces —en medio
de nuestras crisis internas
y la agobiante realidad externa—
creía detectar un gesto de alegría,
un brillo de esperanza en su mirada.

quizá era, como dicen los pobres:
la fe es lo último que se pierde
y la felicidad no está en lo que tienes
sino más bien en lo que eres…
lo que quiera que seas, yo agregaría.
 
 
 
sin saber de qué hablar…
 
llego al lugar común:
la soledad
podría ser, tal vez,
será, será.
¿y la desesperanza qué?
esa se la dejo a Mutis.
para mí, la desesperación,
la angustia, el odio, el temor,
la desolación, ¿por qué no?
el dolor en los pies
de tanto caminar,
el hueco en el estómago
por no almorzar,
the glamour, the fortune, the pain,
los sueños rotos,
la música pesada,
la película que no se ve,
el whisky de contrabando,
el libro sin editar,
el no poder hacer…
el amor… algo… lo que sea.
el no tener qué perder,
el no ser o no ser,
el silencio obligado,
las lágrimas calladas,
el anhelo de vivir,
o morir, da igual,
el imposible regreso de papá,
de vos, de ti, de usted
y el escribir sin fin
de mí, de mí, de mí…
 
 
 
nothing lasts forever
[interrupción de 1:47 min. con música incidental*]
 

* «Interludium»©, de la agrupación sueca de metal sinfónico Therion, del álbum Theli (Nuclear Blast®, 1996). Compositor: Jonas Mellberg.

 
nada es para siempre…
ni los pedestales,
ni las flores en la tumba,
ni el carné de la biblioteca,
ni la cédula de ciudadanía,
ni el recuerdo de los padres,
ni las fotos familiares,
ni el amor por alguien,
ni las grandes amistades.

todo lo sólido
se desvanece en el aire…
lo eterno se torna efímero
o peor aún, se desgasta,
se hace inútil e insuficiente,
se marchita, envejece, se acaba
—se transforma, si prefieren.

nada es para siempre
—tal vez la muerte—,
ni el odio o el silencio,
ni el miedo o la ausencia,
ni el dolor o las soledades,
ni la misma nada siquiera.

todo en absoluto
—incluso lo absoluto y lo infinito,
al menos su concepto—
alguna vez se extingue…

pensé, sin embargo,
que esta repentina alegría
—mejor sería llamarla entusiasmo—,
esta serena complacencia,
esta reconciliación con el mundo
perduraría más en el tiempo.
no fue así…

se ha esfumado, ignoro hasta cuándo
—espero recuperarla pronto—
pero ahora sé
que nada es para siempre,
tampoco esta angustia
que permanece
ni la tristeza que me invade
nada…
 
 
 
nostalgia
 
ya los niños no juegan con sus bolas
ni elevan cometas al viento.

ya el viento no levanta faldas
ni hurta los sombreros.

ya los sombreros no son usados
por los caballeros que ceden el puesto a las damas.

ya las damas no se preocupan por la alcurnia
ni sacan a pasear sus perros.

ya los perros no ladran a los carros
ni se orinan en los postes.

ya los postes no son empapelados
el primero de mayo.

ya mayo no es el mes de la madre
consagrado a la santísima virgen.

ya virgen no es símbolo de pureza
ni estado ideal de las jovencitas.

ya las jovencitas no se prostituyen
ni se convierten en monjas.

ya las monjas no se entregan al señor
ni se acuestan con los curas.

ya los curas no pronuncian sermones,
ya los sermones no tienen grandes frases,
ya las frases no tienen sentido,
ya el sentido no es importante.

ya no suceden muchas cosas
y lo mejor de todo
es que nadie siente por ellas
la más mínima nostalgia.
 
 
 
Elemental
 
No soy fuego.
Tengo chispa y me enciendo fácilmente
pero no soy fuego.

No soy hielo.
Puedo congelar con la mirada
y producir escalofríos
pero no soy hielo.

No soy aire.
Parezco intangible, inexistente
o impetuoso como el viento
pero no soy aire.

No soy tierra.
Creerán que soy fértil o baldío
que soy como arena en el desierto
pero no soy tierra.

No soy agua.
Dirán de mí que soy mar:
estoy más allá de acá
y debajo del cielo
que sigo mi cauce de río
soy plácido como un lago
y desbordado cual cataratas
pero no soy agua.

No soy todo, no soy nada.
No soy esto, eso o aquello.
No soy violencia, no soy calma.
No soy realidad o sueño.

Soy
y eso basta.
 
 
 
Cuando estés muerto
 
Cuando estés muerto
todos te recordarán

Dirán de ti muchas cosas;
cosas buenas, cosas malas,
cosas ciertas, cosas falsas.

Cuando estés muerto
primero
todos hablarán bien de ti
después
nadie hablará bien de ti
más adelante
todos hablarán mal de ti
y finalmente
nadie hablará de ti

Cuando estés muerto
todos te olvidarán.
 
 
 
Furia y tormenta I
 

…mountains crumbling to the sea….

Queen, «Innuendo»

Si pudiera declarar mi profunda mortificación
o
dar alaridos estremecedores de animal herido,
los muros se sacudirían y se vendrían abajo;
puertas y ventanas se abrirían a la melancolía
que entraría enseñoreada como Pedro por su casa.
Si al tiempo dejara salir mis demonios enjaulados
para que revolotearan como chapolas zumbadoras,
mi espíritu non sancto —pleno de alcohol rectificado—
gravitaría entre nubes argentinas en un cielo plúmbeo,
ahuyentando a pedradas volantes aves de mal agüero
que circundarían mi cabeza, harta de pútridas ideas.

Si pudiese ahogar mis penas en pozos de alcohol
y
sublimar el peso metálico que frunce mi ceño,
sería yo un infame otoño que ordenaría
a todos los árboles quedarse sin hojas
y a cada ebrio pájaro acallar su canto.
Si me fuese dado abrir en dos las aguas
de un mar enrojecido, guiando a un pueblo ciego
—por su fe, capaz también de mover montañas—,
serías tú mi prima vera o de verdad primera:
una pintura al temple ornada de alegorías,
una nostálgica sonata en fuga del orbe…

Si se desatara el nudo que tengo en la garganta
así como la ira que me carcome saciara su voracidad,
mi hondura sensitiva saldría paulatina a flote
y mi mundo interno saludaría al espacio exterior,
fuegos de artificio maquillarían el firmamento
con su fulgor estrambótico de expresionismo abstracto
y eyaculadoras erupciones volcánicas de cólera
harían correr ríos de lava blanca como esperma
en labios entreabiertos, muslos apretados y caderas afiladas…
en montes de Venus o cabelleras de Berenice,
en el cielo raso, en las plumas de la almohada.

Si las pequeñas pero incisivas violencias cotidianas
que nos cometemos mutuamente y casi sin darnos cuenta
enjugaran nuestros rostros como sudarios turineses,
fotografiando en el lienzo los gestos del martirio…
al verlas tendidas como sábanas manchadas de horror,
seríamos capaces de domeñar la inquina que incubamos
y en consecuencia cesaríamos bilateralmente las hostilidades,
chocaríamos los puños amistosos, igual que los pugilistas
y empataríamos,
peleando limpio,
para que ningún apostador ganara a costa nuestra.
 
 
 
Furia y tormenta II
 
La tempestad
 
Soy el pez que muerde el anzuelo,
eres la ola que choca contra la roca,
somos una especie en vía de extinción.

Fui el agua mansa de la que libra Dios
y tú la brava de la que no supe librarme yo,
pescamos en río revuelto con la misma red.

Soy el hábito que hace al monje,
eres el pecado, el rezo y el empate,
somos por quién doblan las campanas.

Fui la calma después del vendaval,
fuiste la nube negra que anuncia la borrasca,
sembramos vientos y recogimos tempestades.

Por mi interminable sufrimiento lloran los cielos
y en su exaltación hacen restallar truenos y relámpagos,
sube la marea y azota iracunda las inermes costas,
tiembla la tierra bajo mis pies y titilan las estrellas…

Con tu hiriente desaire y tus melindres impetuosos
desangras la frágil membrana entre antes y después,
desgarras las costuras de la paciencia en una herida,
tu intempestivo abandono marchita la endeble fe…

Yo: nadie.
Tú, nada.
Nosotros nunca…
 
La serenidad
 
Busca la concordia, encuentra el regocijo,
persigue sin cautela eso que llaman felicidad,
sigue el apacible rastro de la única verdad,
de seguro no la hallarás, ten la certeza.
¡Basta de preguntas!: respuestas no hay.

Peregrina hacia el templo de la serenidad,
enciende la antorcha de la cordura
que ilumina los vericuetos de la razón.
Guía tu cabalgadura por encrucijadas,
desmonta y camina en círculos,
avanza por el camino trillado.
Ante la entrada, permanece de pie, paciente,
aguarda inánime la ecuánime quietud,
recibe con aplomo el reposo reservado a ti.

Llegado el momento, retenlo —sin precisar sutileza—,
deja que la ventura guie firme tu mano trémula,
mantente en suspenso, alerta, suspicaz…
Escucha con suma atención el tañido sedante
de las taciturnas campanas de la moderación
que suenan en alabanza a la merced.

Espera en la espesura la claridad del día,
condesciende: perpetua el ritmo del universo…
sufre con estoicismo, ¡que haya holgura en tu generosidad!

Bate las alas y marcha hacia los confines del albur.
Alberga en las entrañas una última esperanza.
¡No permitas que nadie se apiade de ti!

A la hora del miedo, aguarda;
en el instante de duda, arriesga;
durante la inexorable espera, amaina.

Recuerda, la luz al final del túnel puedes ser tú*.

* Originalmente: Remember, the light at the end of the tunnel may be you. (Aerosmith, «Amazing»).

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