Raúl Vallejo

Decano de las VII Jornadas Universitarias de Poesía «Ciudad de Bogotá»

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Raúl Vallejo (Manta, Ecuador, 1959). Ha publicado entre otros libros de cuento, Máscaras para un concierto (1986), Fiesta de solitarios (1992, premio «70 años de diario El Universo» y premio «Joaquín Gallegos Lara»), Huellas de amor eterno (2000, premio nacional de literatura «Aurelio Espinosa Pólit») y Pubis equinoccial (2013). Entre otros libros de ensayo: Una utopía para el siglo XXI (1995) y Lectura y escritura: manías de solitarios (2010). Las novelas Acoso textual (1999, premio «Joaquín Gallegos Lara» y premio nacional del libro en el 2000), El alma en los labios (2003), Marylin en el Caribe (2014) y El perpetuo exiliado (2015, Ganador de la II convocatoria del premio internacional de novela Héctor Rojas Herazo). Los poemarios Cánticos para Oriana (2003), Crónica del mestizo (2007, primer premio de la VI bienal de poesía «Ciudad de Cuenca») y Missa solemnis (2008). En el 2002 ganó el premio nacional de periodismo Símbolos de Libertad, por su editorial «El regreso del Padrino». Director de Kipus, revista andina de letras. Ha servido a su país como ministro de Educación (1991-1992; 2006-2010). Desde enero de 2011 se desempeña como embajador del Ecuador en Colombia..

 

 

POEMAS DE RAÚL VALLEJO

Autorretrato, 2003

He sido en otras vidas parte de la transparencia condenada
mancebo y aprendiz en academia de filósofo griego
prostituta azotada en las cercanías de un templo repleto de mercaderes
predicador escondido en catacumbas o expuesto en la arena de un coliseo
bruja servida para saciar los escrúpulos de Torquemada
adorador de huacas en tiempos del virrey Toledo
negra en Alabama judío en Auschwitz poeta en Wall Street.

He sido lo que está al margen del camino y que el viajante escupe
la basura que arrojan los decentes sin que nadie los vea
el mal pensamiento de la anciana que no sabe bien por qué suspira
la desenfrenada mano solitaria del quinceañero
el espejo en donde mira el nacimiento de sus formas la núbil desconcertada
las cartas de aquellos amantes que transgredían el espacio con papeles perfumados
soga de ahorcado bola de cristal enmudecida piedra de sacrificio maya.

He sido aquello que el orden y el poder marcaron con fuego
remero de galeón sacudido por el latigazo continuo en las espaldas
enano y hazmerreír en castillos medievales
crítico del mecenazgo en la Florencia renacentista
monja de clausura ávida de mundo y con vocación para las ciencias
curaca sublevado y seguidor de Túpac Amaru
palafrenero de palacio concubina fea madrastra en cuentos de hadas.

He sido lo que se habla en voz baja, lo que está prohibido para menores
lo que se acepta bajo la mesa, lo que se compra a hurtadillas
muchacha adolescente de espectáculo nudista en Bankok
inmigrante trasvestido en el Bosque de Bologna
jinetera comunista en las noches del malecón de La Habana
acompañante de ejecutivos de una agencia de Dupont Circle
mulatillo que deambula madrugadas por las playas de Río
vih positivo aprendiz de masajista amante del alcalde en pueblo chico.

Soy
el mundo lapidado
por los que arrojaron con rabia las primeras piedras.

 

¿Qué es el éxtasis de tu cuerpo abierto?

¿Qué es el éxtasis de tu cuerpo abierto
cuando yace trémulo amalgamado en mi carne?

Cabalgata de yegua briosa con los cascos
que rozan apenas la hierba erizada de recóndito lecho.
Destello de sol enfurecido sobre el bramido
de ola que suave abandona su espuma
en alborotada sabana tibia.
Arremetida de fulgurantes violines que arrastran
en sus estertores al grave rumor de discretos violonchelos.
Irrupción del verso indomable que doblega
el balbuceo de aprendiz que en las palabras se quema
Ilusión de fragancia encendida con voluptuosa
paciencia sobre la dormida madera seca de Pomasqui.

¿Qué es el éxtasis de tu cuerpo abierto
sino la maravilla del transcurrir
estacionado sobre tu nostálgico seno?

 

Piel inasible

Si yo pudiera entregarte todo lo que digo que te doy
estuviera de amor vaciado
de mi adentro y fuera nada, ya esfumado ya ido.

Un hálito de vida me queda atónito
para darte todo
lo que miento que te doy.
Ciudad de ausencia

Me acuesto clavado, piedra en paraje
de sombras, en la ausencia establecido.
Embriagado de secreto brebaje,
sangre imposible, apenas sostenido.
Mojado bosque de ámbar, en ti me hundo
de luz, bañado en sol, humedecido.
Arremeto orate en túnel profundo,
persisto, insisto, horado envanecido.
¡No evites que detenga la embestida!
¡No cedas un instante a mi sangría!
Destazada fiera, en mi arremetida
yaces gimiendo en vuelo con porfía,
arqueándote, la pelvis refundida.
¡No permitas tregua a la lengua mía!
El náufrago y el delfín

Un delfín canta en la solitaria
noche de su náufrago.
Es una libertad que navega eludiendo redes
un dolor anclado en el costado del hombre
presencia que alivia la garganta del sediento.

Un náufrago se entrega
al embrujo de su delfín.
Es una red que se lanza y atrapa libertades
un costado que se abre sin redención de futuro
ausencia que consume al que baila en el mar.

El delfín le ofrece su canto tibio
y el náufrago lo encierra bajo su costra sin edad.

¡Ay, delfín, triste de ti!
que ofrendas tu canto al náufrago que devora vida.
¡Ay, delfín, triste de mí!
náufrago que ahogué la vida del canto irrepetible.
Sentido del vacío

Extranjera de voces remotas
murmullo de arena humedecida
habitante de mundos inexplorados
regocijo de sol en la piel del asfalto
ciudadana de tiempo al margen de las constelaciones
jolgorio de trópico hechizado.

Arribas a mi Alma agitando
las alas invisibles de la transitoriedad
soplo migrante todo lo abarcas
y en ese todo te estacionas
efímero roce que en mí se impregna
con su huella indeleble.

Retornas a tu patria de campos erizados
por la ausencia de alambradas
espíritu desbocado que encuentra sosiego
en el abrevadero de la intensidad;
sabiduría de cuerpo abierto
que trasciende ausencias.

Eternidad del Alma condenada a su paso huérfano
desde que el Edén devino espectro.

Soy pasajero
hiedra que explora la pasión del muro
y humedece la rugosa superficie.
Fundido en ti
desvanecido en aire
transparencia de viento
ya no soy el yo que era:
quejido de ausencias
fantasma de soledades
desgarrada piel en llaga de tristezas.

Soy transeúnte
cuerpo recobrado de la ceniza
esparcida en otros cuerpos consumados;
adherido a ti
soy el yo recuperado para mi yo diseminado
en la libertad del silencio
envuelto tras la noche de ese mar que multiplica
los azules de orillas desvanecidas.

¡Eres en mi Ser, Oriana,
el sentido del vacío que lo complementa!
De Crónica del mestizo

9

Yo no soy la voz de quienes hablan desde páramos en donde no he sufrido
a través de decires milenarios que mi torpe lengua
se niega a balbucir siquiera

Yo no soy la palabra que pretende apropiarse
de sufrimientos ajenos a mis privados llantos
ni de alegrías bailadas durante el Inti Raymi
ni de rituales de semillas domesticadas
que fecundan la tierra madre de espíritus
cuyo encanto intento descifrar en vano

No soy más que una voz perdida entre millones de voces si acaso
Finitud de vida y certezas puestas en el vaivén de la duda para siempre
Escribano incapaz de escuchar los murmullos de aquellos invocados

10

Vi durante aquel 28 de mayo de 1990 a decenas de indios
con ardides de bisbiseos y rituales de silencio
tomarse la Iglesia de Santo Domingo
como si el alma itinerante del padre Las Casas volviera por sus alegatos
Vi después del 4 de junio la caminata de tres mil
comuneros de Simbagua rumbo a Pujilí
y el susto en rostros amestizados como el mío
Vi a diez mil indios ocupando el estadio de Ambato
y el disgusto ante la osadía de los runas
en los entrecejos fruncidos como el mío
Vi la llegada de ciento veinte comunidades bajando
las lomas que rodean Guaranda
y el asombro petrificado en los de piel blanquiñosa como la mía
Vi la tozudez endurecida de siglos de veinte mil más que cercaban Latacunga
y el atónito silencio de quienes sentimos a la patria y su pasado
en el goloso degustar de chugchucaras, allullas y queso de hoja
Vi también la ira estéril heredada de las encomiendas de antaño
en las voces tronantes pero inútiles de quienes se consideran
descendientes de la patria criolla, posta de la dominación

…declara su fe en la única nacionalidad constitutiva de la República del Ecuador, nacida del grandioso crisol del mestizaje hispano americano, del cual todo ecuatoriano debe enorgullecerse, aglutinando así la diversidad en la unidad…

Y todo lo visto
lo estoy cantando con voz prestada
Final

¡Ah, estulticia ensoberbecida y mala poesía!
¡Ah, resquemor y tartamudeo frente a lo que no se entiende!
¡Ah, palabra cercenada por lo que escapa a las convicciones del corazón!

Esta crónica inconclusa es el testimonio de mi fracaso
de mi azoramiento de mi nada
inscrita en la estrechez de un verbo que no se hizo
ni en el sufrimiento ni en la fiesta ni en las rebeldías
escrita con trazos en deshabitados soliloquios
mientras afuera distinta vida fluye

No soy la voz de otras voces que pueden hablar por sí mismas
Tan solo eco de mis personales angustias y estrechos límites
Imposibilidad de mirar con ojos que no sean
los que me obsequian de limosna estas miopes ansiedades
No soy sino la palabra del vecindario que para mí he fabricado
en deuda por siempre con aquellos que no son yo
ni lo que cercanamente me rodea

Soy lo único que puedo ser y sin traiciones
y hasta de eso dudo pero en ello persisto necio
Voz de mi voz y mi personal profundidad de soledades
y nada más que este pobre palabreo mío.
Mis hermanos en la madre patria

En los domingos veraniegos del parque del Retiro
más amontonados que botellines de cruzcampo
con canastas repletas de tamales y cochinillo, mote y chicharrón,
una dicción que mezcla la cerrazón andina y el desparpajo costeño
con el acento madrileño de todos los sudacas que creen mimetizarse,
cantan mis hermanos que no conozco las tonadas tristes
con las que alegramos nuestra vida en la mitad del mundo.
Deslucen la modernidad de los españoles de sentimientos discretos,
elegantes, poco afectos al melodrama pese a las pelis de Almodóvar.
A los niños pijos de la Castellana les disgusta esa impertinencia migrante
que no olvida el viento melancólico de los páramos de las serranías
que recuerda con su caminar desinhibido el bochinche húmedo de un puerto.
Ah, estos pobres sudacas, que se vayan a los campos de Murcia
que manos se necesitan para esta vendimia, que se queden en Madrid
arreglando las habitaciones de los hoteles que llegan los turistas alemanes.
Pero, joder, que no salgan a las calles con esas cabezas de cerdas
y esas barrigas que sobresalen por la pretina de los jeans mng.
Mis hermanos ecuatorianos, sudacas de pequeña estatura y talla L,
mujeres bellas y dulces como un durazno de Ambato, que cuidan ancianos,
varones decididos a colocar mil bloques de cemento para el edificio del día.
Trabajan en todo lo que esos niños pijos jamás harían aunque les cayera
el ajuste del PP, la severidad de la Merkel y la abolición de la siesta.
Viven amontonados, ahorrando euros, con la sonrisa digna del honrado,
Hablan con faltas de ortografía al pronunciar las ces y las zetas
putean con arrogancia cuando exigen sus derechos en los consulados
tocan guitarra y cantan en los condominios para escándalo de sus vecinos
se visten de Zara y han aprendido el arte del cachondeo y la caña de mediodía.
Los domingos se multiplican en el Retiro y mis hermanos persisten
celebrando la vida, mezclando a Sharon con Julio Jaramillo,
llevando en procesiones a la virgen Churona,
maldiciendo y extrañando y llorando al paisito, imaginario y real; ¡ah!
y una foto de Barcelona Sporting Club, de Guayaquil, en la sala del piso en Lavapiés.
A veces, alguno de ellos, contempla desde el mínimo balcón de su piso
el atractivo vacío que besa el asfalto húmedo de Otoño
por si llegaran los alguaciles con el apremio de la orden de desahucio.
Rosa Elvira Cely, empalada en Bogotá

No solo es el suplicio inenarrable de tu agonía
entre los árboles solitarios del Parque Nacional.

Es la sevicia de un hombre
la complicidad de todos los hombres
la vasta crueldad de la condición masculina.

Tu sexo atravesado por la furia del falócrata
Tu vientre hollado por la violencia del amo
Tu cuerpo que ya no es tuyo sino del tormento.

Rosa Elvira Cely, 35 años, una niña de 12, martirizada
la dignidad de la vida con la atrocidad de tu muerte.
Ante tus ojos de guepardo

¿Cuántos hombres he sido antes de ser el que te sonríe
el que mira tus ojos de guepardo con sus pupilas dilatadas?
Si descubrieras la giba que esconde mi traje
carnosidad secreta que acumula tanto fuego encendido
tanta leña convertida en brasa inextinguible
¿cuál de aquellos hombres preferirías que fuera hoy día?

Estoy hecho de retazos, de parches e hilachas
llevo el olvido adherido a mis huesos
llevo la memoria en mi torrente sanguíneo
Resucitado por la rugiente mirada que me descubre
sobreviviente de lo cotidiano sin heroísmo posible llevo
arena de la playa de mi pueblo en mis torpes zapatos de mundo.

Tú lo sabes mientras acaricias mi mejilla: si solo fuera
memoria existiría como espectro en volandas
Si, en cambio, solo fuera olvido sería sombra
que se desvanece como nieve de verano. Mas soy
memoria y olvido y esta sonrisa mía bebe la prolongación
de vida que la pupila marihuana de tus ojos de guepardo le regalan.
Cartagenera

El sol de la playa de Cartagena
no es el mismo
sol que calienta el asfalto de Bogotá.

Frente al mar de Bocagrande se recorta tu silueta
y, desde la montaña de Monserrate, tan solo el viento de tu recuerdo.

Dos tazas de café sobre una mesa

Un café siempre es un pretexto para otro café
entre uno y otro la vida despierta
en las palabras medidas para cada taza.
En la borra del café primero leo enterrados
tantos lechos en los que soy olvido
despertares con el alma cercenada
cuerpos felices, yertos en la memoria.
Las tazas vacías sobre la mesa albergan
tanto costado desgarrado en cada derrota
confesiones paridas en primaveras dolientes.
Las tazas del segundo café aguardan
nuestras palabras ancladas en el fondo
de esa turbulencia secreta que nos asfixia.
Emergerán sabias, añejadas en tanta renuncia
dispuestas a la vida de otro café.
Autorretrato, 2013

El acertijo de mundo que soy es poema habitado por nombres que evoco en vano.

Trasparencia de rosa desnuda en jardín que pregunta si soy Juan Ramón Jiménez
y como César Vallejo padezco en jueves duros el hambre de mis huesos húmeros;
Juana Inés de la Cruz, si es el claustro de mi sexo en barroco hipérbaton la necedad.

Tinta verde, caldillo de congrio y América, siendo Pablo Neruda, fueron mi Sur,
Rubén Darío, traje de cisne y japonerías tras púrpura cortinaje de un Versalles otoñal;
Porfirio Barba Jacob, sinestesia que agita la voluptuosidad de una fruta en mi mano.

Testarudo sobre un mulo al filo del abismo como Lezama, rapsoda de Trocadero,
y soy Jorgenrique Adoum cuando una mujer desnuda marxiste en mi Ecuador amargo;
Alejandra Pizarnik, si metáforas de Seconal me ofrecen un sueño que eterno se deslíe.

Soy espectro del que fui y esbozo del que anhela ser en esta innominada poesía mía.

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