Rogelio Echavarria

Poeta y periodista colombiano. Desde muy joven trabaja en diarios de Medellín y Bogotá, como El Siglo, El Espectador y El Tiempo, como redactor de planta, subjefe de redacción y columnista. Es uno de los colaboradores de la revista Golpe de Dados, que dirige el poeta Mario Rivero, y de la revista Mito. Con Felipe González Toledo funda el semanario Sucesos (1956-1962). Se forma en el contexto de la generación de los cuadernícolas y en estrecha amistad con Aurelio Arturo, Álvaro Mutis, Jorge Gaitán Durán y Eduardo Cote Lamus, integrantes del grupo de Mito. Su obra gira en torno al amor. Se le considera uno de los precursores de la poesía urbana, a partir de El transeúnte (1948). Su obra poética, una de las más importantes de la lírica colombiana del siglo XX, está recogida en los volúmenes Edad sin tiempo (1948) y El transeúnte. Entre sus poemas sobresalen Vuelo nocturno, Llegue tu carta y Tiempo perdido. Publica varias antologías de poetas colombianos, como Versos memorables: las cien más famosas poesías colombianas (1989), Lira de amor (1990), y Antología de la poesía colombiana (1997). Publica Los mejores versos a la madre (1992), Crónica de otras vidas y otras muertes (1993), Mil y una notas (1995) y Poemas del padre (1997).

Poemas

A la lluvia

Demonio de la lluvia -látigo de lujuria-
no rompas con tus dientes vidriosos el abrigo
del tibio pecho, lo único tibio del humilde;
no nos traigas el frío de la tan alta nube,
no persigas al perro sin puertas con tus piedras,
no rompas el pulmón del obrero que canta
siguiendo el pie descalzo de sus hijos sin cielo,
no mancilles las barbas secas del pordiosero,
no llegues hasta donde no pueden evitarte.

Deja tu voz pluvial para el cultivo de los ríos,
para la faz de las persianas donde hay dueño,
para el paraguas, que es tu flor arcaica.

Demonio-dios, que envidias y que amas
las multitudes y caes ruidoso sobre todos,
disuelve ya a Babel y permite que asome
el sol como un henchido seno de leche pródiga.

 

Pequeño Nocturno

La noche
-no hay luna que me lleve de la mano-
me abarca y abre el reino
donde yo seré el solo único.

Todas las cosas
se refugian bajo la tierra.
Allí el agua purga sus pecados
y los muertos abren los ojos.

Los amantes cambian sus cuerpos
y el silencio los hace iguales.
Los pájaros yacen, cansados
de sostener el cielo.

A %d blogueros les gusta esto: