«Vendiendo cielitos por las calles», por Mónica Muñoz

Vendiendo cielitos por las calles

Por Mónica Muñoz

 

En América sólo se ha apreciado lo que es de Castilla. ¿Qué gloria resultará a la patria el que sea un eco miserable de producciones ajenas, cuando el benigno cielo le ha dado cielo para ser autor original?.

Fray Camilo Henríquez, El Censor, Buenos Aires, 30/8/1817

MonicaMuñoz2015BNLuego de la Revolución de Mayo (1810) en Argentina se verifica un crecimiento importante en la imprenta y en las publicaciones periodísticas. Un poco por las necesidades detectadas por los ideólogos e intelectuales de la Revolución y también por la influencia de los avances que se daban en Europa. Así es que se le asigna mayor valor a la palabra escrita y aparece como muy necesaria la circulación de información. Esto se ve reflejado con la aparición –entre 1812 y 1815– de los periódicos El Censor, Mártir o Libre, El Grito del Sud, El independiente, Los Amigos de la Patria, El Americano, El Redactor de la Asamblea, La Prensa Argentina, ampliándose rápidamente el campo periodístico y la circulación de saberes en la sociedad de la época.

La poesía ocupaba un espacio importante en la producción literaria de la época, reflejando y alentando la gesta patriótica libertaria. En el marco de una Argentina que va constituyéndose como nación soberana, Vicente López y Planes escribe la primera marcha patriótica en el año 1812 que –con algunas modificaciones– luego pasaría a ser el Himno Nacional Argentino. Mariano Moreno crea la Gaceta de Buenos Aires, se funda la Biblioteca Nacional y también nacen los decretos sobre libertad de prensa.

Por esos años, llega a Buenos Aires Bartolomé Hidalgo (Montevideo, 1788-Morón, 1822), poeta y payador uruguayo, artiguista, quien escapa de la invasión luso-brasileña y en nuestra tierra vive como los poetas criollos, subsistiendo a duras penas con la venta de sus cuartetas. En estas condiciones escribe los reconocidos Cielitos y Diálogos Patrióticos, quizás su obra más importante. Se lo considera –junto a Hilario Ascasubi– el iniciador de la poesía gauchesca y el modo de difundir su poesía militante era en forma oral y por hojas volantes. En ocasiones se ha intentado disminuir el valor de la obra de Bartolomé Hidalgo, por andar vendiendo cielitos por las calles y el parecido que éste modo de difusión tenía con la valiosa pero también desprestigiada literatura de cordel.

Los estudiosos de la obra de Bartolomé Hidalgo lo ubican como el poeta militante que toma la voz de sus pares, de su pueblo. Que milita activamente en los acontecimientos revolucionarios de ambas orillas. En sus Cielitos y Diálogos Patrióticos aparecen los hechos históricos que conmovían a Argentina y Uruguay. Interviene como narrador de lo que sucede, opina, satiriza y critica, además de difundir los detalles de los acontecimientos más importantes.

Y con esto honor y gloria
a los Sur-Americanos,
que supieron con firmeza
libertarnos del tirano.

Cielito, digo que sí,
cielito de la victoria,
la Patria y sus dinos hijos.
vivan siempre en mi memoria.
1

En 1822 Martín Rodríguez ordena –mediante decreto– la confección de un libro que contenga todas las poesías que se habían publicado desde el año 1810. Bernardino Rivadavia era ministro por aquellos años. El fundamento de dicho decreto era alentar a la población y poner en evidencia el nivel literario existente en el país. Dicha obra llevaría el título de Colección de Poesías Patrióticas y se terminó de imprimir en el año 1927. La selección estuvo a cargo de Vicente López y Planes, Esteban de Luca y Cosme Argerich. Esta obra constaba de 353 páginas.

«El Relámpago»

«El Relámpago», núm. 1, Buenos Aires, Septiembre 23 de 1833.

A posteriori se edita Colección de las piezas poéticas dadas a luz en Buenos Aires durante la guerra de la Independencia, también llamado La Lira Argentina, de 515 páginas, impreso en París en 1928, bajo el cuidado de Ramón Díaz. Muchos de los poemas que integraban esta antología se habían publicado antes en La Gaceta, El Censor, La Abeja Argentina, El Grito, probablemente los únicos medios de publicación de la época. En el primer momento La Lira Argentina circulaba entre políticos y militares. Andando el tiempo debió ser reeditada varias veces, por lo que podría decirse que fue el documento con mayor circulación de la primera generación de escritores argentinos.

En el año 1779 se había fundado en Buenos Aires la Real Imprenta de Niños Expósitos. Entre 1815 y 1826 se crean las imprentas de Gandarillas, del Sol, de Álvarez, de la Independencia, del Comercio, de Ayllones y Compañía, de Esteban Hallet, Argentina, del Estado. Los libros y periódicos se vendían por suscripción. «Este folleto concluye presentando la lista de suscriptores, cuyo número es de 133 con 176 ejemplares, a que se agrega el Supremo Gobierno con 100, el Excmo. Cabildo con 25, la Excma. Cámara con 5, que hacen un total de 306 ejemplares»2.

Esta es la época también en que los escritores comienzan a preguntarse sobre su profesionalización, ya que la mayoría de ellos subsistían desempeñándose en otras actividades.

Con los avances técnicos aumentan las ediciones y su calidad, crece la distribución y también la demanda de los lectores que cada vez son más. Nacen algunas publicaciones con espacios dedicados a la literatura que reflejan la creación de nuestros autores, y entre 1822 y 1823 surge La Abeja Argentina, primer revista literaria.

Lo enunciado es un recorte importante y revelador de cómo se iba configurado el mapa literario-editorial argentino por aquellos años. Tiempos agitados, de lucha por la independencia.
Trozo que ilumina el presente.

Mientras voy cerrando este relato pienso en cómo se han ido sucediendo los cambios a lo largo de la historia, las búsquedas que permitieron la evolución de los medios gráficos, de la literatura toda y cuanto de aquél espíritu revoltoso, iluminado, progresista, revolucionario nos habita, persiste.

Pienso también en las injusticias contra nuestros escritores, poetas, periodistas que –a lo largo y ancho de nuestra historia– padecieron persecuciones, exilios, fueron asesinados o desaparecidos. Cuántos fueron denostados o perseguidos como aquel Bartolomé Hidalgo que vendía sus cielitos patrios por Buenos Aires mientras estimulaba a la revolución y a los pueblos de ambas orillas.

Contra viento y marea, sorteando balas y censuras, la poesía continuó su marcha, inmune además, a las regulaciones del mercado.

Por suerte.

Bibliografía

  • Capítulo 3, Cuadernos de Literatura Argentina (1985): El escritor y la industria cultural; Centro Editor de América Latina. Argentina.
  • Prieto, Martín (2006): Breve Historia de la Literatura Argentina. Taurus. Argentina.
  • Revista Capítulo N° 58, La historia de la literatura argentina (1967): El mapa literario; Centro Editor de América Latina. Argentina.

Notas

  1. Cielitos y diálogos patrióticos- Bartolomé Hidalgo. Digitalizado por www.Librodot.com.
  2. Rivera, Jorge. (1985) El escritor y la industria cultural. El camino hacia la profesionalización (1810-1900 ): «Capítulo 3, Cuadernos de Literatura Argentina». Centro Editor de América Latina. Argentina.
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