William Ospina, poeta homenajeado 2017 – XXV Festival Internacional de Poesía de Bogotá

 

Foto: AP

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Poeta nacido en Padua, Colombia, el 2 de marzo de 1954. Destacado escritor, periodista, con amplio reconocimiento por sus ensayos, novelas y numerosas publicaciones. Estudió Derecho y Ciencias políticas en la Universidad Santiago de Cali, y decidió abandonar la carrera para dedicarse a la literatura. Fue redactor de la edición dominical del diario La Prensa de Bogotá de 1988 a 1989. En 1999 recibió el Doctorado Honoris Causa en Humanidades de la Universidad Autónoma Latinoamericana de Medellín, en 2005 el Doctorado Honoris Causa en Humanidades de la Universidad del Tolima y en 2008 el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Santiago de Cali. Premio Nacional de Ensayo 1982; Premio Nacional de Poesía 1992; Premio Casa de las Américas de Ensayo Ezequiel Martínez Estrada 2003 y Premio Rómulo Gallegos 2009.  De su extensa producción narrativa y ensayística mencionamos los siguientes títulos: Esos extraños prófugos de Occidente (1994), Es tarde para el hombre (1994), Las auroras de sangre (1999), Los nuevos centros de la esfera (2001), Por los países de Colombia: ensayos sobre poetas colombianos (2002), En busca de Bolívar (2010),  El dibujo secreto de América Latina (2014), Ursúa (2005), El país de la canela (2008), La serpiente sin ojos (2012) y El año del verano que nunca llegó (2015). Su obra poética está recogida en los libros: Hilo de Arena (1986), La Luna del dragón (1992), El país del viento (1992) y ¿Con quién habla Virginia caminando hacia al agua? (1995). Tiene dos libros de poemas inéditos: Más allá de la aurora y del Ganges (2006) y Sanzetti (2017).

Ficha Redes William Ospina (2)

 

PODCAST DE POEMAS DE WILLIAM OSPINA 

POEMAS 

 

FUTURO

 

Inalcanzable y sola

una región del alma

aún en la plenitud del amor o la música

guarda para el futuro rostros imprevisibles

imprevisibles cantos.

 

 

LUCILA GODOY

Ven y dale otra vez tu calor a mis labios
antes que sean ceniza,
y contempla conmigo la bóveda del cielo
antes de que se arruinen sus cadastros,
y miremos la luna blanca y perfecta
que un día yacerá en pedazos sobre la llanura,
y miremos el sol antes de que se desangre
en el atormentado crepúsculo del mundo.
Ven y acaricia mi cabeza
donde se habrán de destejer los abismos,
llena con tu hermosura mis pupilas
que verán disgregarse los Palacios, toma en las tuyas tibias mis manos blancas
que un día no hallarán asidero en lo inmenso,
pon tu cabeza en mi pecho, oye cantar a mi corazón
que un día en su quietud matará a las estrellas.

Oye otra vez mi voz en el viento,
aún puedo nombrar los limones y el vino
que al final se unirán en su amargura,
ven y contemos todavía los hilos de la luz de septiembre
antes de que los corte la tijera de octubre.

Hay un gran espectáculo en el cielo: una nube,
gózala junto a mí antes que arrecie el viento.
Acércate y desnúdame de estos pesados mantos
antes que el tiempo me desnude de mí,
toca mi arcilla estremecida
antes que sea tristeza en el tiempo.
Mis senos tiemblan para ti, cruel amigo,
y no los cubres con tus manos ardientes,
ven y cierra los ojos junto a mí, siente el bosque
lleno de mi perfume,
antes que este esplendor sea despojo.

Qué triste es ver que es inútil la luna,
ese ciego cristal resplandeciente,
que por el bosque huyen las voces recias de los cazadores
y no hay quien tome a la agitada liebre,
qué tristes las ciudades llenas de tristes rostros,
porque el único rostro fue al destierro.
En tu exilio de huesos, en tu exilio de sombras,
en tu pecho de hierba, en tu silencio,
compadece a esta pájara cautiva en la tremenda jaula del mundo,
entre el mar y la estrella,
amigo mío diluido en la muerte,
mientras yo miro como abeja enferma
la rosa inhabitable.

 

EL GEÓLOGO

Aquí hubo un mar hace un millón de años.
El hombre no lo sabe, más la piedra se acuerda.
Pártela: hay un cangrejo en sus entrañas,
Todo de piedra ya, forma magnífica
Que se negó a ser polvo.
Ante el peñasco y el guijarro, piensa
Que acaso fueron seres dolorosos,
Sangre y pulmones palpitantes.
Entre la ciega roca
Y el trémolo extasiado de la salamandra
Tan sólo hay tiempo.

 

 

CANCIÓN DE LOS DOS MUNDOS

 

En Europa es de día pero es de noche en África.

Al norte del mar está el tiempo, pero está al sur la eternidad.

Los blancos pueblos industriosos construyendo la gloria del hombre.

Las negras lanzas nervadas custodiando la roja luna.

Las blancas piedras con forma de ninfas danzando en la nieve.

Las melenas de oro, las pieles rayadas, las criaturas de cuellos larguísimos

como si fueran sueños.

Al norte del mar el insomnio en la noche, al sur la siesta en la tarde.

Al norte está la razón estudiando la lluvia, descifrando los truenos.

Al sur están los danzantes engendrando la lluvia, al sur están los tambores

inventando los truenos.

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POEMAS DE LA INDIA

(Del libro inédito Más allá de la aurora y del Ganges) Para revista Ulrika 58

 

VIENEN LAS LLUVIAS

Vienen las lluvias, llegan las lluvias, el país entero sale a las plazas y a los campos a bendecir a las nubes cargadas. Y en la noche vacía de la ciudad de grandes parques donde se confunden Inglaterra y la India, otras multitudes salen a saludar a la lluvia de verano que traen los monzones. Son las familias de monos que llenan la ciudad nocturna, son los millones de pájaros que caminan por las calles mojadas, son los elefantes que reciben en sus lomos la lluvia tibia, y recuerdan esas lluvias de antes, cuando no había ciudades, cuando no había humanos, cuando los dioses apenas abrían sus ojos en el fango, abrían sus labios en el rayo, iniciaban la música en las repeticiones de la espuma.

 

 

¿TÚ SABES QUÉ ES LA INDIA?

 

¿Tú sabes qué es la India?

El universo, todo,

con montañas y estrellas,

con muertos y palmeras,

con templos y elefantes,

con bandadas de gansos,

con añil y amaranto, seda y sándalo,

en la boca de un niño.

 

NO ES NECESARIO SUMERGIRSE EN EL GANGES

 

No es necesario sumergirse en el Ganges, bastan unas gotas del río sagrado en la frente o el pecho para que el agua cumpla su labor milagrosa.

Cuando la voz lo dijo, ya venía remando el barquero con vasijas de muchos tamaños.

Por unas cuantas rupias adquirí dos pequeños recipientes llenos de agua del Ganges.

Y de regreso, ya en el otro extremo del mundo, yo agitaba los cántaros de metal y oía el agua en su interior, el agua que llora y que canta.

Más milagroso que el rocío de aquella agua sagrada me pareció tener una fracción del Ganges guardada en el estante, entre los libros.

Y escuchar de repente, en la noche vastísima, el pequeño sollozo del río.

Nunca abrí las vasijas. Un día, al agitarlas, no estaba ya el rumor de sus aguas.

Pero en lo más profundo de la memoria, sé que el Ganges me espera guardado en esos cántaros,

y el día en que mis años busquen por fin la purificación y el olvido, verterán en mi sueño el agua inagotable.

 

PORQUE AQUÍ LA CIUDAD

 

Porque aquí la ciudad es de las muchedumbres, de monos y de hombres y de hormigas, pero el cielo radiante es de las águilas.

No hay un lugar en el mundo donde vuelen más águilas.

Pasan sobre nuestras cabezas haciéndonos sentir que el mundo está muy vivo, que las columnas del aire sostienen el río de su sangre divina.

A veces se detienen en lo alto.

Tienen ese poder de quedarse en un sitio, batiendo con fuerza las alas para que el cuerpo permanezca inmóvil, viendo algo preciso que las llama.

¿Será la sangre deleitable, el humor de la presa, los dioses diminutos que huyen bajo los árboles?

No podemos saberlo.

El bosque es de los pájaros, nunca tantos idiomas de pájaros descifraron el viento.

Pero el cielo en lo alto es de las águilas.

Son poderosas cuando rompen la nube, cuando cubren el sol, cuando se cruzan como rayos negros.

Poderosas también cuando bajan y caminan en grupos bajo la sombra verde de los palacios.

No ven el mundo que nosotros vemos, no saben de la historia ni del presente.

Nunca saldrán de la mitología.

No sabrán nunca del amor ni del miedo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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