Alberto Bejarano

16 de septiembre de 2025

Bogotá, 1980. Docente-investigador del Instituto Caro y Cuervo en la Maestría de Literatura.
Director de la Línea de Investigación en Literatura Comparada. Ha sido docente e investigador en literatura, filosofía y artes en la Universidad Nacional, la Universidad de los Andes y la Universidad Javeriana, entre otras, y profesor visitante en la Universidad Federal de Minas Gerais en Brasil.
Es Doctor en Filosofía y Estética de la Universidad París 8 y Magíster en Estudios Latinoamericanos de la Universidad París 3.Entre sus publicaciones se destacan Ficción e historia en Roberto Bolaño (2018), Litchis de Madagascar (2011), e Y la jaula se ha vuelto pájaro (2014).

 

 

En Ana Cristina Cesar

En la radio al amanecer

G L O S O L A L I A S

Decía no saber sí era poeta:

por las laderas de Lapa arrumaba cordeles

entre los `butecos` y el `bonde`

vagaba con sus firmas:

“jardines extremos de esa ausencia”

Traducía en las tardes la palabra BRASIL salida de un poema

de

EMILIE DICKINSON

sin saberlo era una neo-brasileña:

olvidaba pasados ajenos

 

Escribía una correspondencia imaginaria con Katherine Mansfield

se hacía antropófaga

se repetía

se repetía

se repetía

no aprendía a ser taquígrafa:

Era toda mimeógrafo:

– ¿Escuchas el sonido? ¿te manchas con la tinta? ¿con todo el cuerpo?

Perforaba cada palabra dedo a dedo

el rodillo se deslizaba

hasta que nacía el poema

Debía ser el eco de la niña-Rimbaud de Bogotá…

 

 

 

Las mujeres han cantado

¿La poesía, de qué está hecha? Me refiero, ¿a quién la canta?

Cuando los hombres callan

las mujeres han cantado:

hemos callado, encanallado.

La noche se destila en bares podridos

entre coperas desportilladas DE DIENTES:

una mujer escribe al otro lado de la barra

descifra viejos oráculos

 

Las mujeres cantan

callamos

canciones sin estribillos

hemos olvidado números, placas, direcciones, contra señas

ellas solo cantan

bordean metáforas de sal

de vientres rotos

de vigilias y esperas repetidas

callamos

nos cae encima nuestro sonsonete

no digo más, peco de tibio

cuando debería decir La He perdido

A la mujer que escribe solo el canto de las mujeres

 

 

 

 

 

 


Noches de poemas imposibles,

la trama se la lleva el viento detrás de mí,
la tempestad me deja atrás, muy atrás,
donde los velos no me cubren.

Espantapájaros en una barca llena de Animales Domésticos,
Ilusión postrera que me recuerda lo que no seré,
viento de mayo, viento voraz,
cine ruso minimalistamente mortal
soledad atropellada.

Divagas, transeúnte, divagas
crees decorar las calles con tu filantropía
y te estrellas y te estrellas
una y otra vez
contra los mismos vidrios con nombre de mujer.