Laura Liuzzi

21 de julio de 2020

Laura Liuzzi

(Río de Janeiro, Brasil, 1985)

Autora das coletâneas de poemas Calcanhar (7Letras, 2010) e Desalinho (Cosac Naify, 2014) e Coisas, pela coleção Megamíni, da editora 7Letras, na FLIP 2016. Foi assistente do documentarista Eduardo Coutinho (1933-2014) nos filmes Um dia na vida (2010), As canções (2011) e Últimas conversas (2015). Nas palavras da poeta portuguesa Matilde Campilho, “Laura observa o mundo de fora e ao mesmo tempo se mete toda dentro dele, sabe que viver é perigoso mas que quanto a isso não há nada a fazer”.

 

 

 

 

 

 

 

 

Poemas

 

Deseo

Entrar a casa sin que la puerta

crujiera, sin que el perro

de la vecina olfateara mi llegada

sin que el sofá conservara las

formas de mi cuerpo, sin que

yo tuviera que tomar ese vaso

de agua que toca el azulejo y emite

un ruido ronco, sin que hubiera

cuerpo. Entrar a casa como

la música entra en los oídos.

 

 

Torsión

No tengo lengua de gato

pero insistí que él notara

la permanente torsión de las cosas

de la naturaleza, no de las inanimadas

que requieren acción externa

pero fíjate, hay movimiento todo el tiempo

y ese chasquido que te asustó

es nuestro modo de ver la torsión de la madera, y si

en unas horas ya es de noche, y tú

y yo sabemos eso, es porque

nada para

en ningún instante, salvo cuando

el alma se hace más grande que el cuerpo

ahí el tiempo suspende el universo

y la simultaneidad del sistema solar

para que nuestros pies olviden

la brutalidad del suelo.

 

 

Gravedad

No son mis pies en la arena

ni la insistencia de las mañanas

es la interferencia de la nostalgia

y un hombre sentado en la franja de playa

tiritando

es el silencio de las islas fijando el océano

distrayendo ese inevitable deseo de escapar

es el andamio erguido frente a la ventana

salida de incendio o de emergencia

—tú eras mi punto de fuga

un ángel disfrazado

medio guasón

con amenaza de corriente

y si me arrastro

te diré que soy un transatlántico

inamovible

altiva, con párpados en medio de los ojos.

No son mis pies en la calle

te aseguro que los barcos no tienen pies.

Es un alma de astronauta.

 

 

Panta Rei

Era el trecho de un río pero

era una cama las almohadas

eran piedras sin puntas eran

guijarros y sus brazos, troncos

donde me aferraba para no

perderme en el curso indescifrable

de las aguas de las sábanas de la cama

desenfundada o perderme

detrás de mis ojos también

aguados no ahogarme en ninguna

hipótesis ni flotar hecho Ofelia

en sueño profundo en río no tan

hondo así porque la superficie 

era atravesada por piedras donde

acostábamos nuestras cabezas

como quien escucha un secreto

o descubre lo que está oculto

el murmullo subacuático

las modalidades de su ronquido

harían burbujas de aire bajo

las corrientes harían creer

a los peces en globos en una

nueva forma de fluctuación

algo similar a los astronautas

fluviales imagina tan solo el

deslumbramiento pero eran 

solo ronquidos eran las sábanas

plegándose minuciosamente

con cada soplo tuyo y la misma cama

donde nunca dormimos dos veces.

 

 

gancho

siempre de perfil, hombros

anchos y cabeza pequeña.

casi siempre suspendido

en el aire (sin acrobacia).

puesto en fila militarmente; 

o ladeado, si es desobediente.

de madera de plástico

de metal de acrílico

piensa que sustenta

el peso del mundo.

si le quitan la ropa

su desnudez es invisible.

el gancho está hecho de ausencia

solo existe cuando está vacío.

 

 

 

espejo

ya no está aquí quien

vio. ve el viento jadear

la cortina ve viniendo

la nube ve el reposo

del cepillo de dientes

ve sin tedio que nada

pasa.

un cine infinito

desintencionado

complaciente con el vacío

vítreo en un mismo

perímetro cualquiera.

pasión ciega que ve

y no juzga, juega.

la nada se rehúsa

y si lo ataca con 

flechas de luz, re

bate en la misma

medida, sin

exceso o excepción.

pasivo y activo.

todo pasa todo se

pierde nada retiene

excepto el polvo

pegado al vidrio

que esconde

la espina el espino

el deseo.

el espejo no cuenta secretos.