Lílian Almeida

20 de julio de 2020

Lílian Almeida

(Salvador de Bahía, Brasil, 1983)

Escritora y profesora en la Universidad del Estado de Bahia – UNEB. Integra plataformas y portales literarios: Oxe: portal de la literatura baiana contemporánea, Mujeres escritoras negras de Bahía, Mapa de la palabra, Liberoamérica. Tiene publicaciones en sites, blogs y revistas literarias. Participa de Más allá de los cuartos: antología erótica negra Mantis Religiosas, CartoGRAFIAS (Funceb) y Profundanzas 2: antología literaria y fotográfica. Publicó Todas las cartas de amor (ficción) en 2014, con la Editora Quarteto y Pulsares (poesía) en 2019, libro vencedor del Prémio Caramurê de Literatura. Participó del XXIV Encuentro Nacional e Internacional de Mujeres Poetas en Cereté, Colombia (2017). Mantiene el blog Cartas, fotografías y otros guardados [lirioalmeida. wordpress.com], donde publica cuentos, crónicas y poemas suyos y de otros/as artistas. Realiza talleres de escritura creativa. Contacto: lilianalmeida20@yahoo.com.br @lilianalmeida20

TUAREG

Tempestad de arena

azota el alma

en desafío.

El sentido de seguir

inalienable

rebelde a toda intemperie.

Vivir es desierto.

DESALIENTO

Mis ojos anhelaron la aurora,

pero el día fue plomo.

La lluvia insistió en no caer sobre la tierra

y lavar todo.

Hay esquirlas cardiacas en mi apartamento

y manchas rojas en las paredes.

Por falta de lluvia,

derramo lágrimas como un río

para lavar la barbarie en que se yergue la nación.

Si pudiera limpiar todo, haría

que se secase entera

vertiéndome líquida.

Inútil deseo.

Penar es solo un paso en la historia de la des-humanidad.

No hay lluvia, ni auroras

ni violetas en el horizonte.

Por no tener qué me salve, lloro.

Quién sabe, al menos lavo el dolor de la impotencia

el dolor de mis pasados y futuros

de mis ancestros y descendientes

adherido a mi piel negra.

Hay abismos en mi garganta muda

llena de líquido.

No vomito una palabra siquiera.

Me falta todo,

hasta las vísceras.

Me sobra agua, lágrimas.

Tal vez sea para diluir la sal

que sala la tierra en que habito.

Tal vez sea para lavar la sal

que corta mi carne.

Tal vez sea para ahogarme

y llevar conmigo todo el ardor del mundo.

SÍSIFO

Escribo para matar

el hambre

que consume mi ser.

Inútil trabajo.

Pesada piedra filosofal

para mis brazos llenos de flaqueza.

PURIFICACIÓN

Quién es aquella desconocida que la suplanta.

Ketty Blanco

Enfrento mis demonios

cuando escribo.

Estallo.

En los ojos de quien soy,

torpeza y villanía.

En el hueco de mi humana edad

limo, sargazo.

Salo mis carnes abiertas.

Cada palabra

un golpe

una caída

una fuerza.

Me agoto en el último punto.

Purgarme es vivir todo por entero.

Sigo

misma y otra mujer

dada a lo peor de mí.

CONTEMPLACIÓN DEL INFINITO I

Fugaz paso de nubes

en corazón de niño.

Mirar posado

en pasado presente

de tanto llorar.

El azul derrama memorias

guardadas

en el pecho del cielo.

ANCESTRO

Los ojos negros de la abuela

dicen memorias

anochecidas en mi piel.

FUEGO PROMETIDO

Todos los días un gusano come mi hígado.

Quedo sin piernas y brazos.

Resta un corazón con venas y arterias ya obstruidas,

sangre que llega sin ganas

y sale con poca disposición.

Todos los días gasto agua para lavar las tripas,

ablandar la mugre que yo misma produzco.

Gasto horas purgando el estómago

a ver si expulso lo que me corroe.

Todos los días, uno frente al otro,

continuamos el juego perdido.

Practico contemplarme en el gusano

y cada vez descubro una parte mía en él.

Cada vez me recupero

y la bilis desbasta la grasa

limpia las sobras de lo que no sirve.

Todos los días nos vemos en el espejo

y ya no bajo los ojos.

Presiento el día en que seré plena y mis vísceras serán el propio fuego.