Marilia García

20 de julio de 2020

Marilia García

(Río de Janeiro-Brasil, 1979). Poeta y traductora. Ha publicado, entre otros, los libros 20 poemas para tu walkman (2007), Error geográfico (2012) y Cámara lenta (2017), por lo cual recibió el Premio Océanos de Lengua Portuguesa (2018). Su trabajo puede ser visto en www.mariliagarcia.com y tiene una coluna mensal donde esbribe sobre poesia en el Blog da Companhia (shorturl.at/buT06).

noche americana

noche 1

en el momento de mayor intimidad,

quedaron a 1 cm de distancia

uno del otro.

entonces me aparto y

veo la escena en cámara

lenta: ahí los dos no

se miran.

     está oscuro     y ellos atraviesan el espacio.

el hombro de ella casi raspa

el brazo de él,

los dedos de él

un poco encima de la mano de ella.

los ojos fijos en el suelo

y la respiración al 

compás.

–¿cuánto tiempo aguantarías estar abajo

del agua?

es lo que parece decir ella.

en lugar de eso, mira el ínfimo reloj pulsera

y sabe que seis horas después ya estará

del otro lado.

noite americana

noite 1

no momento de maior intimidade,

ficaram a 1 cm de distância 

um do outro.

então me afasto e 

vejo a cena em câmera

lenta: ali os dois não 

se olham.

      está escuro              e eles atravessam o espaço. 

o ombro dela quase raspa

o braço dele,

                         os dedos dele

um pouco acima da mão dela.

os olhos fixos no chão 

e a respiração em 

compasso.

— por quanto tempo você aguentaria ficar debaixo 

d´água? 

                        é o que ela parece dizer.

em vez disso, olha o mínimo relógio de pulso

e sabe que seis horas depois já estará 

do outro lado.

una ecuación en hyde park

está lloviendo en

hyde park hoy

y estoy del otro

lado del hemisferio

sentada al sol

con un gato

entre mis pies

que están descalzos

y levemente 

enrojecidos.

está lloviendo en 

hyde park hoy

y me acuerdo de haber

andado por un parque

de ángulos cuadrados

con el niño de la caja

negra que tenía una foto

de un bosque nórdico

dada vuelta hacia abajo en la

pared de su cuarto

y que le gustaba contar

hasta 24 después de cruzar 

la verja.

andábamos

por el cordón y nos sentábamos

en el parque y después nos echábamos y la 

bata negra mullida

ya en su casa

y el roommate llamado

steve que amaba 

a una japonesa. 

está lloviendo en 

hyde park hoy y no sé

qué decirle a él

que ahora está sentado

algunas mesas adelante

y que dentro de un film

sería alguien que dice sí

pero no estoy dentro de un 

film –escucho la voz en eco

en el agujero de lo real–

y me recompongo pensando

que podría contarle 

que el gps funcionó

y marcó el punto de encuentro

pero que el mensaje 

solo llegó después.

está lloviendo en 

hyde park hoy

y podría contar que mi

corazón había sido arrancado

por la boca y que estaba

olvidado sobre una piedra

con la sangre

todavía caliente.

sí. está lloviendo

en hyde park

y al infierno

ya bajaron

uno o dos

o

tres

pero él

ha de subir

atravesando las curvas,

el belvedere, los espacios dirigibles

“ogni speranza lasciate

voi che entrate”

–¿hay mundo por venir?

pregunta antes de pasar

y lleva en la mano

un grabador

y cruzamos miradas

–solo por un segundo–

y no recuerdo más

de ese día

pero después la

misma mirada

vuelve a la memoria

como la interferencia

de una voz saliendo

del auto en movimiento

por la ladera.

está lloviendo en 

hyde park y aquel par

de ojos encuentra los míos,

y ese cruce

de miradas me distrae

por un momento

de la ecuación.

uma equação no hyde park

está chovendo no

hyde park hoje

e estou do outro

lado do hemisfério

sentada ao sol

com um gato

entre meus pés

que estão descalços

e levemente

avermelhados.

está chovendo no

hyde park hoje 

e lembro de ter 

andado num parque 

de ângulos quadrados 

com o menino da caixa 

preta que tinha uma foto 

de uma floresta nórdica 

virada de ponta-cabeça na 

parede do seu quarto

e que gostava de contar 

até 24 depois de cruzar 

o gradil.

a gente andava 

no meio-fio e sentava 

no parque e depois deitava e o

roupão preto felpudo

já na casa dele

e o roommate chamado

steve que amava

uma japonesa.

está chovendo no

hyde park hoje e não sei 

o que dizer a ele 

que agora está sentado 

algumas mesas à frente 

e que dentro de um filme

seria alguém que diz sim

mas não estou dentro de um

filme — ouço a voz em eco

no buraco do real —

e me refaço pensando 

que podia contar 

que o gps funcionou

e indicou o ponto de encontro

mas a mensagem

só chegou depois.

está chovendo no

hyde park hoje

e podia contar que meu

coração tinha sido arrancado

pela boca e que estava

esquecido sobre uma pedra

com o sangue 

ainda quente.

sim, está chovendo 

no hyde park 

e ao inferno

já desceram

um ou dois 

ou

três

mas ele

há de subir

atravessando as curvas,

o belvedere, os espaços dirigíveis

“ogni speranza lasciate

voi che entrate”  

— há mundo por vir?

ele pergunta antes de passar

e leva na mão

um gravador

e nós cruzamos o olhar

— só por um segundo —

e não lembro mais

desse dia

mas depois o

mesmo olhar

volta à memória

como a interferência

de uma voz saindo 

do carro em movimento

pela ladeira.

está chovendo no

hyde park e aquele par 

de olhos encontra os meus, 

e esse cruzamento

de olhares me distrai

por um momento da equação.