Nicolás Peña

7 de agosto de 2021

(Bogotá, 1991) Literato y Maestro en Arte de la Universidad de los Andes. Magister en Creación Literaria de la Universidad Central. Actualmente es docente universitario en la Fundación Universitaria Konrad Lorenz donde además dirige la revista Suma Cultural. Ha publicado los libros: Mi madre es la única que lee mis poemas, Cocinar no es para todos los poetas y su tesis de maestría titulada: La abuela nunca llora cuando corta las cebollas. Sus poemas han aparecido en la Antología de poesía joven de Bogotá: Pecados capitales, libro editado por ediciones Exilio, y en diferentes revistas nacionales e internacionales, entre ellas: Raíz invertida, La otra (México), Sombralarga, Otro páramo, etc. Su libro Los desiertos del hambre tuvo mención de honor en el concurso de poesía Tomás Vargas Osorio. Es coeditor y cofundador de Ruido ediciones.

 

 

 

Poemas

 

Afuera están matando personas

 

Afuera están matando personas

como nosotros, María

tienen este mismo corazón

que se hincha con la lluvia

llevan nuestros ojos negros heredados del barro

y también comen pan en la mañana

A diez cuadras una mujer

ha dejado de respirar

y ahora besa el piso en silencio

como si fueran las manos de su hijo

Lo que dijiste alguna vez parece cierto:

este país está condenado a la violencia

No sabe uno qué hacer cuando se levanta

dónde alojar la piel

bajo qué árbol sentarse a cantar

en qué horario hacer silencio y pedir perdón

No sabe uno limpiarse las manos

alistar la muda, salir a trabajar

quedarse callado, escribir un poema

eso no sirve para nada

me dijo el otro día un amigo

¿escribir un poema para qué?

¿qué hace un poema en un país con hambre?

¿qué hacen unos versos contra un ejército ciego?

¿qué puede un poema cuando el cuerpo

es un animal que huye y se desangra?

Amarnos, María, tal vez amarnos

sirva de algo en estos momentos

Hay personas que lo han perdido todo

hay mujeres que no tienen brazos

y se acuestan en el pasto

a esperar un diluvio de granizo

hay niños que han quedado huérfanos

y buscan entre la basura sus nombres

hay ancianos que piden comida

en los bordes afilados de la noche

hay una luz que llora al mediodía

y se derrama sobre nuestras cabezas

Dicen algunas personas

que ya no tenemos miedo

pero yo sí tengo miedo, María

de que un día no vuelvas

porque te llevaron los policías

mientras caminabas por la ciudad

de que un día, como tantos,

tu cuerpo no valga nada

y te rajen y te rompan y te olviden

en cualquier potrero

en cualquier sonido de pájaro extinto

de que un día la vida pase a un segundo plano

y los muertos ya no tengan

un espacio bajo las piedras

una esquina con flores blancas

Tengo unas manos que en las mañanas me ahorcan

tengo unas rodillas que se quiebran con el viento

tengo unos dedos que desesperadamente

buscan algo para sostener

Yo si tengo miedo, María

y me aferro a tu cuerpo

como a un amuleto antiguo

me aferro a tu cuerpo

para andar por estas calles violentas

me aferro a tu cuerpo

para sobrevivir a las largas horas

de esta interminable circunstancia del café

Dicen que la esperanza es lo último que se pierde

yo no sé si eso es cierto, María

a veces me pongo a llorar en el bus

a veces me cuesta sonreírles a mis padres

a veces las palabras se me pierden

se me enroscan, se me vuelven humo

María, hay un país en mis manos que se abre

hay una herida en las plantas de mis pies

que todos los días crece un poco más

hay un mapa de fuego en mi espalda

y me voy volviendo ceniza

Amarnos, tal vez amarnos

para hacerle frente a los hombres

que andan de noche por los barrios

dejando cartas de muerte en las puertas

amarnos, para poder sostenernos

y que nuestros huesos todavía

no se vuelvan piedras secas y mudas

Amarnos, María, amarnos

como única forma de aplacar

esta tristeza negra que aletea

como mil polillas en el pecho

Afuera están matando personas como nosotros

afuera el cuerpo es un campo de batalla

afuera la vida es un milagro oscuro

afuera los que ríen apagan el sol

Amarnos, María, tal vez amarnos

para poder caminar juntos a un día

donde la tierra deje de ser ese abismo sin luz

al que van a parar todos nuestros amigos

antes de tiempo.