Paola Cadena

17 de abril de 2021

Paola Cadena(Bogotá, Colombia, 1976). Ha publicado los poemarios: Hotel (Ulrika, Bogotá, 2008), Cinema (Venezuela, Bid & Co. Editor, 2012) y Apartamento 4 (3419 Telford Street) (Renascentro, Bogotá, 2020). Poemas suyos han aparecido en diversas revistas y antologías de Colombia, España y México, entre otros. Su libro de ensayo Corpus autobiográfico de Julio Cortázar y Alejandra Pizarnik: un acercamiento a la experiencia creadora fue publicado en Argentina por Alción Editora en el 2018. Fue finalista del VI Certámen Internacional de Poesía Martín García Ramos, 2007, con su primer libro Hotel. Además, ha participado en varios encuentros internacionales y ha colaborado en revistas nacionales y extranjeras, así como en organizaciones para la promoción cultural y literaria. Tiene un doctorado en Literatura Latinoamericana de la Universidad de Cincinnati y actualmente es profesora de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, Estados Unidos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Poemas de Paola Cadena

 

De Hotel (2008)

 

Placa en honor al fundador del hotel

Cada hombre es un hotel de paso

tiene habitaciones en sus manos y en su vientre

y la mejor suite siempre está en los ojos

aunque a veces sean opacos y callados.

Todo hombre tiene un bar en su garganta

y un corredor largo y oscuro

desde el alma hasta la razón.

A sus espacios diminutos llegan hombres y mujeres

con velas encendidas

o linternas desgastadas

Un día el hombre muere

y entonces llegan los gusanos

comen y beben

y luego se marchan sin pagar la cuenta.

 

 

De Cinema (2012)

 

Las flores del cerezo

La vejez como un don de la memoria

regala el olvido como el silencio mayor

Olvidar para asomarse en otros ojos

y ver que la muerte es una mosca que no debe matarse

Una mosca que zumba de reojo en los días

y que se anuncia como la sentencia de un sueño

El desconocido de mi vientre se llama hijo

asistirá a mi entierro

pero no entenderá la tierra ni la muerte

no entenderá los años ni los fríos.

Sé cómo se muere cuando es necesario un baile

morir para que estés muriendo libremente

para que seas un hombre vestido de dama

un matrimonio sin cuerpo

que busca a Dios en un monte

Dios se llama Fuji

es un señor tímido que abrió sus ventanas

quiere vernos bailar el paso de su silencio blanco

La danza del Bhuto es un llamado porque todos tenemos una sombra

un dolor y una búsqueda

Perseguir mi sombra

es una forma de bailar

Morir frente a un monte blanco

es una forma de estar vivo

La niña colgó mi nombre en su pecho

y luce mi sombrero como una lágrima

Así se van los ancianos

así los niños aseguran su muerte

su fatiga

su futuro de ya no estar

El amor es algo así como desentender el mundo

La mujer muere para que el hombre

con sus faldas puestas

baile en su ser

 

De Apartamento 4 (3419 Telford Street) (2020)

 

A Leonard Cohen

Me dijeron que murió usted una de estas noches,

pero los milagros tienen derecho a morir varias veces,

a multiplicar su partida en pequeños adioses  

que nos dejen a todos 

seguros de la presencia 

que ya no es.

Por eso lo invito a morir aquí.

Escribo este poema como un funeral,

dicen que murió una de estas noches,

pero aquí llegó la noticia sola, sin su ausencia.

Aquí, usted, sigue cantando.

No se preocupe, señor,

puede ser este un funeral discreto,

que piensen todos que su cuerpo se hizo despojo 

envuelto en una caja sin música ni voz.

Si quiso morirse, señor, ante el mundo,

yo puedo guardar el secreto de su sangre,

poner sus canciones bajito para que nadie, 

nunca,

note este estruendo de su vida muerta.

Escribo, como en vigilia, para expresarle mi quebranto,

este dolor en el pecho de quien extraña un vacío,

esta sensación de que el día, ahora, llueve a medias,

como sin agua suficiente para ser tempestad. 

Nadie le dijo, señor, que tenía usted derecho a morirse.

¿Cómo se atrevió, una noche cualquiera, 

a dejar su cuerpo frío 

y sin voz?

¿Por qué canta esta canción, como si nada,

para después salir corriendo entre su muerte

como quien poco sabe de la luz?

 

 

Caso de música y silencio


No sé muy bien cómo se llama esa sombra,
pero supongo que es bailarina 

porque se mueve como una ausencia y tiene luz,
eso es:
una ausencia sonora, una penumbra desnuda,
el vaivén de la música como un temblor de Dios,
la sospecha de una escena que sólo existió en mis ojos,
pero existió,

lo juro.

Y vi salir la vida toda desde mi alfombra
como un muerto que se levanta a besar sus flores.

No tengo un cementerio en este cuarto

pero la vida, como un difunto, se puso en pie

y ya no supe yo cómo nombrarla.

Esta mujer desnuda que soy, sobre mi cama,
soledad de un respiro hecho tabaco

y la música, que se hundió en el aire y en la lluvia

para mojarse, para ser canción húmeda y lejana
fue ese el acontecimiento.
Nada más trascendente que una rutina sola,
esas cosas que pasan cuando el mundo se olvida

y la sangre se vuelve líquido trasparente

y los navíos de Dios, que tampoco se llama Dios, colonizan los ojos.

Esas cosas que pasan y que no puedo decir,
no sé cómo se llaman,
nada de esto que escribo se les parece,
es eso, ¡eso que está ahí!
un bombillo apagado, una canción,
una noche sin destino ni convidados,
este fuego en el pecho como una verdad,

algo mío.


Sólo quise decir que la música está en el aire,

como Dios,

que Cohen canta y en su voz
hay un color y un sudor tibio.