Guillermo Martínez González

Poeta homenajeado en el XXI Festival Internacional de Poesía de Bogotá, 2013

GuillermoMartinezRGB(La Plata, 1952). Después de deambular por diferentes oficios y ejercer con eficacia el arte del desempleo, sobrevive ahora en Bogotá como editor y librero (Trilce Editores). Ha publicado los libros de poemas: Declaración de amor a las ventanas (1980), Puentes de niebla (1987) y El árbol puro del río (1994). Vivió en Beijing, China Popular, y ha publicado varios libros de versiones de poesía de ese país (Wang Wei, Lu Xin, Li Po, etc). Su obra aparece en varias antologías de poesía colombiana y del exterior. En 1993 ganó la Beca de Creación Individual en Poesía de Colcultura.

 

 

Poemas

 

Esas tardes, esos paréntesis

Sucede que hay días
Que hay tardes en que uno
No quisiera trabajar
En que uno quisiera estar por ahí
Fumándose un cigarrillo
O bebiéndose un buen vino
Mientras se acerca la noche.
En que uno quisiera estar por ahí
Hablando sobre las primeras novias
Con un viejo amigo
Mientras la lluvia cae sobre la ciudad
Como una cortina blanca
Como un coro de ángeles húmedos.
Sucede que hay tardes
En que uno quiere volar por la ventana
En que uno quisiera ser como la música
Que no pesa en el aire ni en los hombres
En que uno está para soñar
Para conversar con antiguos
Días de la infancia.
Sucede que hay días así
Mañanas de esas en que uno amanece de vago
Tardes de ésas paréntesis de ésos
En que duelen los horarios del oficio
Y las teclas de la máquina
Se clavan en el alma.
En que uno está totalmente
Desligado del mundo
Y no quiere hacer nada
Y quisiera estar todo el tiempo
Bailando sobre la lluvia.

 

Piensa en sus cabellos de agua

Si un hombre
Vestido de lluvia
Te visita en la noche
No lo dejes partir muchacha
Piensa que sus cabellos
Son de agua
Que él ha escapado
De salvajes que bailan
En el verano.
Piensa que es alguien
Que conoce la música de los acantilados
Un hombre dispuesto
Para el tercer turno
De los oficios de la noche.
Alguien que ha caminado
En el mar sobre las aletas
De los tiburones.
No lo dejes partir
No lo dejes que se pierda en la tarde
Como si el arco iris devorara su cabeza.
Piensa que el jamás estropeará tus pies
(El será suave como la luna
Llena de pájaros)
Ni pasará como el viento sobre tu lecho.
Y ordenará tu cama
Y tu colección de abejas
Y no te dirá adiós sin un mensaje
De palomas en la puerta.

 

Yo solo amo sus sueños de agua

Yo le canto a María
La lavandera
La que lava la ropa
Entre susurros elementales
Y abalorios de humildad.
Yo estaré siempre de su lado
Porque amo sus sueños de agua
Sus anillitos de alegría
Su pequeño mundo de jabón
Y la ternura
Que riega
En mis camisas.

 

Escoba

Escoba
Amiga nuestra
Te amamos
Porque eres humilde
Y buena.
Escoba
Pequeña amiga
Algún día
Estarás con nosotros
Los bebedores de ayunos
Limpiando los días
Las nubes
Y las estrellas
Y los sueños
De los hombres.
Mientras tanto
Enséñanos
Huerfanita
De los árboles
A cantar en el polvo
A espantar las moscas
Y a no morir
Entre los desperdicios
Del mundo.

 

El agua que lleva en sus bolsillos

Vendrá entonando la Rapsodia de Saulo
Y te hablará de un río
Del cuerpo blanco
De las mariposas en la sombra
Del lenguaje chino
De la luna y el pasto.
Espéralo muchacha
Vendrá en el mes de mayo
En el mes de los días de lluvia
Y del movimiento de los árboles
Bajo la luz de las estrellas.
Espéralo
No dudes
El maneja la trayectoria del sol
Y tiene tu signo
Y todo será tan simple
Como el alma de los pájaros.

 

Saludo al mundo con mi séquito de fantasmas

A veces despierto en la noche
Sobresaltado por el galope secreto del viento
Por la conversación transparente
De mujeres desnudas
Por el fragor de antiguas batallas
Y el humor dulce de recientes muertos.
Y entonces invadido de inmensos
Surtidores de mariposas
Poseído de la canción incesante
Del mar que me persigue desde la infancia
Saludo al alba con extrañas metáforas
Doy mis buenos días al mundo
Con mi séquito de fantasmas.

 

Símbolo

Como fluye el agua
De lo profundo de la tierra.
Como alguien enciende
El fuego en medio de la borrasca
O Alicia a través del espejo se une
Al viento en el País de las Maravillas;
Así quisiera escribir mi poesía: desnudo
Casi invisible: cantando
Como un pájaro de luz sobre la muerte.

 

Padezco de un sueño

Dejar de gritar
De oponer un vuelo de aves
Al lívido atardecer de los acantilados
Eso deseo:
Como los gorriones quisiera
Volverme hierba
Naranjo puro
En una pagoda de aire
Pero padezco de murallas
Y un sueño apedreado por los muertos.

 

Nocturno

En la sombra del árbol
Donde pájaros tristes saborean
La fruta enloquecida del viento.
En el origen de la lluvia
Y  el salmo de los anochecidos
En el borde de la luz
Tal vez allí estaré
Cuando este sueño que nos une
Se haya roto en el oleaje del tiempo
Y la muerte como un centinela de la amargura
Nos traiga su grano de polvo.

 

Sin nombre

Estrella
Oh pequeño sol de la noche
Quiero
De nuevo la luz:
Soy ese pájaro ciego
Ese pájaro inútil
Ahogado en la tormenta.

 

Una resurrección

Una resurrección,
Pido ahora para poder vivir
En estos días de muerte
De mal que se agarra
A mi garganta como una soga.
Para volver a sentir de nuevo mis heridas
El sol que quema al deseoso
El odio, la ironía que nace de mi amor.
Para volver a verte, amiga mía,
Dulce cantora entre la lluvia,
Como cuando estábamos poseídos de luz
Y tú soñabas frente a mi espejo
Y de tu boca salían pájaros.
Renacer,
Eso pido como cualquier Lázaro
En estos días en que transito
Solo en la sombra
Como piedra lanzada al vacío.

 

Canción

Tú abres
La dicha de los jilgueros
El canto del agua
En una casa de niños
La luz sobre la flor en los fosos.

 

Muchacha en el río

Recuerdo tu pubis bajo la sombra del puente.
El ruido del agua junto a tu cuerpo.
Recuerdo la salvajina y tu voz que sobresalía
del Chorro de las Piedras. Te recuerdo
junto al caballo, junto a la estrella que descendía
del árbol. Te recuerdo así: desnuda
sobre las piedras del río.

 

Caín

Mudo contemplaba la hoguera cuando
pensó en matar a Abel. Ciego anda el crimen
desde la tarde en que levantó su garrote de
odio, su hueso negro.

 

Los muertos

Amanecían en las calles con la cara de
espanto alterada por las moscas

O bajaban al pueblo en el lomo de las mulas
guindados como animales de sacrificio

O flotaban en la hierba y el río con el
treno inflamado bajo la luz de la luna:

En aquel tiempo
la violencia se paseaba con su tambor
de medianoche por las aldeas.

 

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