Elsa Cristina Posada

19 de marzo de 2026

Elsa Cristina Posada

(Neira, Caldas – Colombia) Reside actualmente en Bogotá; abogada y magister en literatura latinoamericana; ha sido servidora pública e incursionado en el oficio audiovisual, la música, la artesanía y la investigación becada por el Ministerio de Cultura para “generar procesos de construcción de identidad”, vivió y estuvo dedicada a la investigación en el amazonas colombiano con el proyecto: “la literatura oral, un intento de acceder al mito ab-origine”. Premio de Poesía Procuraduría General de la Nación en 1993. Ha publicado los libros de poesía: “cuentos de hadas” por el fondo mixto para la cultura de caldas en 1997, “mujer secreta” por ediciones catapulta en 2014 y “satori o los surcos de la luz” por uniediciones en 2016; el ensayo “oralidades y escrituras indígenas en el amazonas colombiano” fue publicado por la editorial académica española en 2013.

al niño de abisinia que amé 1

“reales son tus grandes ojos
tu boca roja cuya miel me prohíben
tu abandono de agua rebelde
y tu blancura que mi labio no alcanza”.
Nazim hikmet

“… aquel cadáver y yo partíamos a la deriva,
llevados en sentido contrario por dos corrientes del tiempo”.
Marguerite Yourcenar

es verdad que te amé aapiano

pero ninguna caricia llega al corazón 

no importa si mis manos se hundieron en el mar sólido de tu piel

sin regresar jamás

pues con tu muerte la tumba que me espera se hiela

con tu muerte todos los besos alcanzan 

la blandura lejana

como una caricia falsa del recuerdo

ya no soy más quien se alimenta con tus auroras

tendido como un gato pardo y fiel a mi lado

1basado en “las memorias de adriano” de margueritte    youcenar

aapiano

mi esperanza de ti es ya el olvido

la bruma densa de una habitación donde a cada minuto

irás estando menos cada vez

tu sonrisa congelada para siempre en tu rostro de niño 

y yo sin ella … justo cuando soy un gran señor

sin tu silencio tus pocos años tus besos niños 

sin las urgencias de tu mente sobria inocente 

aún no verdadera

visitaré de nuevo las antiguas ciudades y los templos 

más sólo para probar la delicada poesía que tiene la tristeza

niño rubio que te posaste en mi lecho como un amo

¡sea! la belleza clara y lúcida del amor

y esta profunda oquedad en mis días futuros 

y esta impotencia en tus manos y pies

que el sol y la brisa nunca más tocarán

los días se abandonan a mí pesados con tu muerte 

el amanecer se repetirá con acompasado rigor

y las costumbres me harán sentir por un segundo 

que todo es igual

pero es otro día con tu muerte 

aapiano 

mi bello dios perfecto imposible 

dónde no imaginar tus pasos

¿quién te dijo que se ama hasta la muerte 

acaso yo?

el amor es un segundo 

en nuestro día largo de incertidumbres

estabas sí

tus dieciocho años de osadía y las musas conmigo 

y era yo el soberano

¿estaban tus ojos?

¿qué tenía de ti que tanto añoro?

¿cuándo te fuiste si es que llegaste alguna vez?

dios sordo y ciego que se arrebató de mi mano 

hundiéndose en el fango de la orilla

hasta quedar por siempre navegando el río clamoroso de mis horas

dios mudo y ciego como un dios pequeño 

que entrega al cosmos un último homenaje

en mi ancha mano fuerte que te retuvo aapiano

supe que no eras mío en ese instante cuando tus ojos se cerraron al mundo 

supe que eras del amor inevitablemente 

que cumplías la orden 

que un silencio antiguo y sabio

susurraba en tus oídos

voz pocas veces escuchada 

canta de nuevo

como en aquel anochecer de alejandría 

burdo pájaro que cantas

con las alas rotas

quinteto para cuerdas

V

quédate entre las tibias sábanas guerrero 

cuéntame historias de batallas antiguas 

y anochece conmigo

que el hosco mundo ya nos cobrará los besos 

y las horas de amor robadas al ensueño

quédate ahora que el tiempo nos dibujó en este agujero 

de frente rozándonos las manos

fabricando pájaros y barcos con las nubes del cielo 

contando uno a uno nuestros cabellos regados por el suelo 

que ya vendrá sin vino y sin canciones el tiempo terco

ahora no importa si te llaman… espera

gira los troncos de madera para avivar el fuego 

vamos por flores para adornar la mesa y por melones 

juguemos a fabricar con el sudor un templo

que vengan el guardián y el empleado

que hagan sus cuentas los vecinos del pueblo 

que dejen en la puerta sus sahumerios

para espantar el olor de los cuerpos

atravesemos el mar de esta ilusión amor velero 

que afuera salpica la sangre en las monedas

y el viento arrastra el pelo de los muertos

quédate aquí pues la parca vendrá en su caballo siniestro 

y borrará los besos los olores

y hasta los mismos recuerdos

VI

nacer a cualquier hora para fracaso del silencio

seguir siendo motor sin freno del ondulado río de los tiempos 

como un cuerpo extendido sin sus alas 

entre el oasis y el desierto

así … campeando …

hurgando en el espacio remoto de la mente

desenlaza el cantor los nudos ciegos

así rehace la labor que ya ha agotado el tiempo

para borrarlo y ver sobre su huella el presagio el lamento

el último estertor de un pensamiento

la cifra que devele la distancia 

cuando el naufragio de un beso

el signo que pronostique la aparición de un astro nuevo 

la nota discordante de un adiós en el callejón de un sueño

la osadía del hombre solitario ante la maquinaria del progreso

la trivial procesión de las campanas sobre el lamento del pueblo

la muerte blanda la dura muerte 

entre el sarcófago del cuerpo

un niño turbio iluso aventurero es el cantor  su miedo