Silvia Rosa

5 de abril de 2022

(Turín, Italia). Silvia Rosa nació en Turín, donde vive y enseña.  Licenciada en Ciencias de la Educación, con especialización en Educación y Formación de Adultos y un Máster en enseñanza del italiano como segunda lengua, asistió al curso de cuentacuentos de la Escuela Holden. Sus textos de poesía y prosa están incluidos en diversos volúmenes antológicos, han aparecido en revistas, sitios web y blogs literarios y han sido traducidos al español, serbio, rumano y turco.

Entre sus publicaciones están: los poemarios Tutta la terra che ci resta (Vydia Editore, 2022), Tempo di riserva (Giuliano Ladolfi Editore, 2018), Genealogia imperfetta (La Vita Felice, 2014), SoloMinuscolaScrittura (La vita Felice, 2012), Di sole voci (LietoColle Editore, 2010 – II ediz. 2012); la antología Confine donna. Poesie e storie di emigrazione (Vita Activa Nuova, 2022), que ha concebido y editado; la antología foto-poética Maternità marina (Terra d’ulivi, 2020), de la que es editora y autora de las fotos;  el ensayo de historia contemporánea Italiane d’Argentina. Storia e memorie di un secolo d’emigrazione al femminile (1860-1960) (Ananke Edizioni, 2013); el libro de cuentos Del suo essere un corpo (Montedit Edizioni, 2010).

Es subdirectora de la revista digital Poesia del nostro tempo, redactora del periódico online NiedernGasse, colabora con la revista Margutte, con el anuario de poesía Argo y con el diario Il Manifesto. Se ha ocupado del proyecto de traducción poética y entrevistas a algunos autores argentinos, titulado Italia Argentina ida y vuelta: incontri poetici, publicado en 2017 en e-book (edizioni Versante Ripido e La Recherche). Es una de las creadoras del proyecto Medicamenta – lingua di donna e altre scritture, que propone una serie de lecturas, eventos y talleres dirigidos a mujeres italianas y extranjeras, trabajando desde una perspectiva psicopedagógica y de género con sus narraciones e historias de vida. Dirige talleres de poesía utilizando metodologías autobiográficas y de terapia poética, sobre los que ha escrito para la revista Poetry Therapy Italia.

POEMAS

OTRA PRIMAVERA

 

El joven cuerpo robusto, nutrido

los cabellos habitados por cuervos dentro de un nido

de rizos: ¿Cuánto tiempo ha pasado? me pregunto,

desde que eras un cachorro flaco, petulante,

con palabras gráciles en vez de manos inquietas,

aquellas que ahora tienes en las caderas de tu esposa,

juventud cegadora que envidio ―un capullo―,

por primera vez veo la marca de las estaciones

en el rostro de los demás, me doy cuenta de estar más allá

de los años de pulpa roja para morder, soy el fruto

en el suelo, ahora, y observo las flores crecer en otro lugar:

mi primavera es una pálida ofrenda a un sol

indiferente, soy yo ahora la mujer que

no vale la pena. Menos mal, me digo, a

esta altura no tengo más vértigos,

te dejo a ti y a tu bella la cumbre desde donde

de repente, inevitable, llega la rendición,

el declive de los días. Después es solo cuestión

de sombras para aprender de memoria,

para no tener miedo a nada.

 

QUÉ DESPERDICIO ESTA COTIDIANIDAD

 

Qué desperdicio esta cotidianidad

vaciada de ternura, desnuda

piedra que nos rebota en contra, mirada

de horizonte domesticado seco

 

(y yo que construía

geometrías golosas de palabras

para hacer menos soso

el golpeteo mecánico

de la lengua contra los dientes,

al modo de los niños

intentaba el juego repetido

―serio― de apretarse

ahora y siempre como si

no hubiese una secuela)

 

qué desperdicio la muerte blanca muda

de un día para otro idéntico de pequeñas

luciérnagas de felicidad intermitentes, aplastadas 

en la oscuridad de un tiempo tan distraído que

incluso la banalidad de la nada 

tendría quizás un sabor menos mezquino. 

 

AQUELLA VEZ

 

Aquella vez que el sol

cayó al suelo

con un disparo de voz

dentro de su propia luz

golpeado fuerte, parecían 

luciérnagas las astillas

que me caían entre los cabellos

atados en un nudo,

parecía el fin de un mundo    

 

pero luego la vida se reanuda ―así dicen―

solo que menos luminosa y 

un poco más fría, incomoda,

la voz vuelve a sus silencios

confabulando con las sombras, vuelve

para no decir para decir a medias

para hacerse viento ligero entre las nubes

que desde aquella vez me siguen

atentas, en fila

 

no entendí si en un cortejo fúnebre 

o para darme la ilusión de ser aún

una esposa aún la misma de antes

―a la espera siempre― aún viva.