Alfonso Carvajal

24 de marzo de 2022

Ha publicado los libros de poesía “Un minuto de silencio” (1992) y “Memoria de la noche” (1998). Sus poemas han aparecido en Panorama inédito de la poesía colombiana (Procultura, 1986), en una antología bilingüe de poesía colombiana en la revista parisina Creacione y en una antología de Poesía colombiana (1931-2005) de la UNAM. Ha publicado las novelas “El desencantado de la eternidad” (1994); “Hábitos nocturnos” (2008); “La sonata del peregrino” (2012); “Ruega por nosotros” (2015) y “Una novela posible” (2021). Los libros de cuentos “Pequeños crímenes de amor” y “Jardines sin flores y otros relatos”. Y “Los poetas malditos: un ensayo libre de culpa” (2000).

POEMAS

POÉTICA

 

Un caballo furioso

cabalga lejos de la arena;

en el viento, la noche y el miedo 

Una obsesión perpleja

hunde los dedos

en la mesa inexorable del tiempo.

Unas amarras cuelgan

en un pedazo de sueño,

mientras el espanto del espanto se aproxima.

Las palabras de otros taladran la memoria

y se unen a la voz pretérita,

como la transfusión de la tinta roja a la negra.

Una nostalgia única nunca dirá lo mismo

de la misma manera.

Un detenido rumor

en una página en blanco,

cabalga

bajo la lluvia inmóvil de la ira.

 

NOCTURNO

 

I

 

La noche imperturbable

entra inmensa por la ventana.

Gris, traza la tormenta del silencio.

Los perros ladran a la luna centinela.

Voces inesperadas caen de cielo,

o se levantan de las ruinas.

Son palabras, apariencias,

que la inexactitud del tiempo

cava frenética en la memoria.

 

IX

 

Una puerta se abre.

Una vida blanca y negra;

un hombre desierto

apurado por las llamas.

Otra puerta, en su superficie

hay leones y reptiles

tallados por el tiempo.

Un círculo derruido, a la intemperie;

en el centro, el hombre sueña

las cenizas de la vigilia.

Un trueno ilumina un río turbio,

que refleja un cielo malhumorado.

Un navío acecha sus orillas.

El hombre se embarca,

se aleja

en las aguas infinitas.

Otro lo ha soñado:

un fuego, un firmamento hostil,

los soportes de la muerte,

rodean el círculo detrás de la puerta.

 

LA LUCIÉRNAGA

 

Los tiempos banales 

han desmitificado su misterio.

Una luciérnaga enciende su ojo

en mi mano tatuada por la luna.

Ayer, era una pequeña lámpara,

una divinidad intermitente:

un tributo a los dioses.

Hoy, es un insecto luminoso,

en vías de extinción;

olvidado por todos.

Su ojo es su corazón,

Su cerebro, de luz.

Rompe el silencio de la noche

y brilla con una electricidad antigua.

En el día pierde su ser,

duerme como una hoja más,

lejos de mi mano y la luna, 

con su ojo cerrado de luz.

Siempre ha sido así.