Lucía Donadío

23 de abril de 2023

 

Escritora, editora y gestora cultural. Es antropóloga de la Universidad de los Andes. Es fundadora y directora de Sílaba Editores. Hizo un diplomado en Literatura del Siglo XX en la Universidad Eafit, Medellín. Escribe poesía y prosa. Dirigió durante más de 10 años dos talleres literarios en Medellín: en la Universidad EAFIT y en la Biblioteca Publica Piloto de Medellín. También fue codirectora de la revista Odradek, el cuento.

Ha publicado los libros: Sol de estremadelio, Alfabeto de infancia, Cambio de puesto, Los ojos que me nombran y Adiós al mar del destierro.

 

 

Poemas

 

 

 

POEMAS A CAMILO    Lucía Donadío

 

 

DUELO

 

 

Quiero prestarte mis ojos

para que veas hacia afuera

y pedirte prestados los tuyos

para mirar hacia adentro.

 

Quiero hablarte al oído cada mañana

y que me cuentes tus noches

para escuchar el susurro

del río que llevas dentro.

 

Quiero leer tus secretos

en las páginas

de tu vida

y que leas los míos en

una ceremonia de silencios

y miradas.

 

Quiero que vivas dentro de mi

y fuera de mi

en ese corazón de madera

que nos dejaste palpitando.

 

 

***

 

 

 

DOMINGO

 

 

Cada domingo

mueres en nosotros

otra vez

 

El río anega

nuestros corazones

sangrantes

 

La llamada infame

se repite

como eco interminable

 

Tu cuerpo

recorre aún

los afluentes del destino

 

Desde un manantial de luz

hasta el rápido

que te devoró

 

Sobrevives ahora

en las hojas

del comino crespo

 

La voz de tus ojos

no se cansa

de alabarlas

 

En cada cuenco de

madera

tus manos son

el palpitar del árbol

 

Y en nuestros ojos

náufragos

renaces a cada instante

como un pequeño sol

 

 

***

 

 

CAMILO

 

¿A dónde va, cuando morimos, todo lo que hemos sido?

John Banville

 

 

En la oscuridad

está el eclipse de tus ojos.

 

En el amanecer

está la risa de tus manos

soñando un trozo de madera.

 

 

En el sonido del martillo,

que escuchamos como

una campana que

suena a cualquier hora,

están tus manos

mensajeras de dioses

que dibujan el rostro del árbol.

 

En tu mesa de trabajo

está el duramen de tu vida

entre cuencos, esferas y cofres.

 

En tu taller

está el silencio

de los trabajos inconclusos.

 

En el espejo

que te busca

están nuestras sombras

que escuchan

el aleteo de tu ausencia.

 

***

PREGUNTA

 

 

Pregunto al río

por la verdad

de tu muerte.

 

Pregunto al árbol

por la verdad

de tu vida.

 

Pregunto al cielo

por la verdad

de tus ojos.

 

Pregunto al mar

por la verdad

de tu alma.

 

Seguir preguntando

será mi destino.

 

 

TU MUERTE

 

 

Tu muerte no termina

se siente más honda

cada día

como una gota de noche

que horada el corazón.

 

Tus ojos no me miran más

se perdieron en los abismos del río.

Se ahogaron tus manos

laboriosas y fuertes.

 

Tu cuerpo hermoso y dulce

se esfumó en la ola.

 

Decir te amamos

es nuestro pan de cada día.

 

Somos

humildes pastores de tristezas,

con lágrimas cantamos

el himno de tus ojos.

 

 

***

 

 

CAMILO SIEMPRE

 

Decir tu nombre es

el oficio del duelo.

 

Escribir tu nombre con

pequeñas piedras blancas

del mar de Sirolo.

 

Deletrear tu nombre

en el tapiz blanco

de una nube.

 

Decir tu nombre

es nuestra oración

de cada día.

 

Juntar nuestras

manos que llevan

como carga

las letras

de tu nombre.

 

Decir te amamos

es nuestra liturgia

de las horas.

 

***

 

 

PRESAGIO

 

Llegó tu muerte

antes que la mariposa negra

que debía haberla

anunciado.

 

Ahora llegan

pájaros y flores

que alimentamos

como si fueras tú

floreciendo en

cada aleteo.

 

****

 

 

HORAS GRISES

 

Tu muerte

sucede eternamente

a las cinco de la tarde

en el agonizar de

cada día.

 

Como si las campanadas

de un reloj

que nunca falta

palpitaran

con furia

en mi corazón.

 

Anuncian

tu muerte

otra vez,

otra vez y

otra vez.

 

Y de repente

en cualquier instante

de cualquier día

llega el río

y nos devora

con su turbulencia

de junio.

 

Y el veintiocho

de cada mes

mi alma

se hace herida

y sangra otra vez.

 

Y vuelves a

morir en

los brazos

del presente

eternamente.