Presencia del poeta Gustavo Adolfo Garcés (1957-2026)

Hacia el mediodía del pasado sábado 11 de julio de 2026, después de un par de días de repentina enfermedad, falleció el poeta Gustavo Adolfo Garcés en Medellín, ciudad que lo viera nacer el 2 de enero de 1957. Su partida inesperada nos mueve a recordarlo desde la fraternidad y la amistad; a él que desde la poesía, el abrazo y la alegría siempre ha hecho parte de la revista Ulrika —desde finales de la década de 1980, cuando se vinculara a esta, tiempo después de haber cofundado la Gaceta de la Universidad de Antioquia en Medellín— y del Festival Internacional de Poesía de Bogotá —el cual le rindió homenaje en 2023—.
Tanto en la revista Ulrika, como en este portal, Poesía Bogotá, en varias ocasiones hemos publicado textos de y sobre Gustavo Adolfo Garcés, que les invitamos a leer, por lo que en seguida presentamos notas, poemas y fotografías que desde la amistad compartimos como un homenaje a su obra y como un saludo a su familia y a sus amigas y amigos de toda Iberoamérica.
Mi amigo está muriendo
Para mi compadre Gustavo Adolfo Garcés, in memorian
Mientras las estrellas
continúan su marcha por la comba celeste
mi amigo está muriendo.
Mi amigo Gustavo Adolfo
el de la sociedad de los ociosos utópicos;
el de los versos delicados como el vuelo de la mariposa;
esos escritos para los pocos escogidos.
En un cuarto de hospital
mi amigo está muriendo
mientras al otro lado de la vidriera
la ciudad centellea.
Únicamente Dios está al tanto
de cómo se mueven las piezas del juego.
Suerte, amigo, en esa aventura
que hoy te separa del sueño de los hombres.
En el corazón siempre queda lo que tiene que quedar.
Fernando Linero Montes
11 de julio de 2026

Alguna vez le dije que su poesía me recordaba a la de José Manuel Arango y la de Horacio Benavides, y él me habló de Jorge Carrera Andrade y sus microgramas, de Bashō y los haikus. No había duda de que Gustavo Adolfo Garcés quería encerrar al universo en cada uno de sus poemas. Sus libros son la contemplación del relámpago y el asombro, por las cosas aparentemente simples que cobran gran importancia bajo la mirada del poeta.
Lo conocí en 1992, en el Primer Festival Internacional de Poesía de Bogotá; era parte de la banda de «los ulrikos», estos poetas que se movían en la Bogotá de los 90 y que hacían muchas cosas alrededor de la poesía: su revista, el festival, lecturas, libros. Pero, sobre todo, escribían. Él fue uno de esos que llevó el fuego de la poesía, a pesar de su agobiante trabajo de abogado; tal vez por eso eligió el epigrama, entre despacho y salas de audiencia, cortes y consultas. Un tipo de poesía en donde la concisión se convierte en sabiduría. Esa poesía es la que nos queda, luego de su temprana partida. Una poesía que no es común en un medio abigarrado de falsas noticias; su palabra brilla como el relámpago que se extiende en horizonte. De él cito el siguiente poema:
Elegía
La muerte
se jactaba
con tus ojos
Tomada de Lo que atisba la araña (Frailejón Editores, Medellín, 2025). Este es su más reciente libro que me envió a Quito.
Edwin Madrid

Capilla ardiente
Cruza la noche
en su canoa insomne
el palabrero
(los labios sellados
en absoluto silencio)
indiferente al murmullo
de sus congéneres
llevado en hombros
del río del olvido
viaja hacia su pulida roca
luminosa
(En la despedida de Gustavo Adolfo Garcés,
el querido amigo poeta [1957-2026])
Rubén Darío Lotero Contreras

Cuaderno de notas
Para Luis Germán Sierra
Como
un regalo
inesperado
todo
extraño
e imprevisto
Gustavo Adolfo Garcés

En el año 2023, el Festival Internacional de Poesía de Bogotá, en su versión número 31, le rindió homenaje al poeta Gustavo Adolfo Garcés, para lo cual se realizaron varios eventos en Bogotá, entre ellos uno muy sentido en el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, el 1 de mayo, durante el cual conversaron con él las poetas Luz Mary Giraldo y Eugenia Sánchez Nieto.

Durante el mismo evento se hizo la presentación de la antología personal Intento un verso de espíritu leve, que coeditaron la revista Ulrika y el Instituto Caro y Cuervo con motivo de dicho homenaje. El libro puede leerse en línea a continuación.

Como parte de los homenajes a Gustavo Adolfo Garcés, les invitamos a leer este que le rinde el novelista, ensayista y editor boyacense Darío Rodríguez, el cual es una semblanza del carisma entrañable del poeta; un retrato de su visita a Duitama en 2010, que el cronista tituló «El poeta como maestro».

Última llamada perdida
Palabras para el amigo Gustavo Adolfo Garcés, de su editor
Hará unas tres semanas que no pude contestar a tu llamado. Te imaginé marcándome desde tu ‘panela’ —porque siempre te negaste a tener un Smartphone— para averiguar si ya te había puesto por correo el librito Arijunas, ese que te había prometido Rafael y en el que aparecen un par de poemas tuyos vertidos al wayuunaiki. Lamento no haberlo logrado y más no haberte marcado de vuelta; mis horribles afanes y la seguridad de que el libro estaba a punto de llegar a tu casa me jugaron en contra.
La última vez que nos vimos en persona fue en tu casa en Calasanz, en ese agradable espacio al que me convidaste y en el que con tu abrazo abrigador nos llenaste de arepitas y whisky a Guillermo, Elsa Cristina, Jorge Mario, David y a mí, el día que atónitos despedimos a nuestro querido Robin en octubre pasado. ¡Qué velada bonita, aunque haya estado cundida de sentimiento por la partida del amigo! Ahora partiste tú y el dolor se profundiza.
Te conocí a finales de la década del 90 y desde entonces fui partícipe de tu obra, de tu generosidad y de tu amistad sin límites. Ya conocía tu celebrado Breves días y había abrevado de él, y poco a poco los encuentros se fueron sumando y multiplicando, sobre todo desde que trabajamos en tu libro Una palabra cada día a finales de 2014, y luego en El muro blanco en 2018 y en Intento un verso de espíritu leve en 2023. Para estos dos últimos ya habías regresado a Medellín, pero no perdíamos la oportunidad de encontrarnos, como cuando estuviste en mi casa y cantaste Palo bonito acompañado por Fernando y Lele. Y tampoco dejamos de hablarnos por teléfono cada tanto, pues las llamadas mutuas eran como una visita precisa y necesaria; llamadas largas en que nos contábamos los pormenores de la poesía, en la que te confesaba cuáles de los poemas de tus libros más me gustaban, en los que hablábamos de nuestras vidas, del agobio de los días.
Sé que no volveré a oírte y que no volveré a ver una llamada perdida tuya, pero agradezco que nos queda tu poesía, y que gracias a ella hasta mi último día seguirán resonando en mi cabeza tu voz profunda y tu risa amplia y generosa.
Óscar Pinto Siabatto
Gustavo Adolfo Garcés, además de cultivar de forma privilegiada la poesía y la amistad, fue un deportista consagrado al ping-pong y también se aventuró en el arte plástico. En 2024, el Museo de Antropología y Artes de Jericó, Antioquia, expuso dos de sus obras como reconocimiento a su trabajo. He aquí una de ellas, la número 6 de la serie «Caligrafías».

Robinson Quintero Ossa, poeta antioqueño, gran amigo y miembro del Grupo Ulrika, nacido en Caramanta en 1959 y quien falleciera menos de nueve meses atrás, el 23 de octubre de 2025, dedicó en vida a Gustavo Adolfo Garcés uno de sus poemas pertenecientes al libro La poesía es un viaje. Compartimos el texto en memoria de los dos amigos recientemente desaparecidos.
El viaje
A Gustavo Adolfo Garcés
En la mañana vimos las ramas de los samanes
rozando las ventanillas
cargadas de resbalosas gotas
las cortezas de los troncos húmedas aún por los aguaceros
de la madrugada
y a lado y lado de la vía
las aguas crecidas en las cunetas
arrastrando hasta los fosos de los sumideros
palos
matojos
y piedras
Nos rodearon las montañas
unas nítidas de pasto blando
y otras ásperas de vegetación
de pico en pico más empinadas
y de entrañas misteriosas
De un momento a otro las nubes por entre la enramada de las florestas
que sombrea el asfalto
y los desfiladeros desde donde se observan
atajos
peñascos
altas humaredas
y más distante el declive de la tierra sobre hondonadas
y sierras
Miramos las flores de los guayacanes
desprendiéndose de sus varas
granates
amarillas y blancas
Al mediodía recorrimos los valles
asistidos por una plenitud
que hizo el encierro
más llevadero
De sus límites volvíamos las miradas
rayadas de asombro
reacomodando las cabezas
sobre los cojines
para volver con diligencia a mirarlos
El sol calentaba las pastosas líneas de la lejanía
cuando vadeamos los ríos correntosos
Aguas y más aguas
desbordándose en los playones
girando en violentos remolinos
apretándose a robustas piedras
antes de perderse
interminables
Con curiosidad seguimos
el paso de las lanchas
el trajín en las bombas de las gasolineras
el sol reluciente en las corazas
de los carrotanques
y el alboroto de las cantinas en los malecones
Mulos y novillos
pastando en las llanuras
hasta el comienzo de la tarde
que sobrevino ostentosa sobre las lagunas
y los árboles
y en la distancia un nuevo nudo de colinas
Después
remontando las estribaciones
la niebla empañó la visión
y el sonso transcurrir entre curvas
taponó nuestros oídos
y trajo la modorra
El sonido ronco del desforzado motor
en las cuestas
y el freno seco de las llantas
en los giros cerrados
turbó el entresueño
remeciéndolo
El crepúsculo descendió cargado
de pájaros y espectros
cuando divisamos los riscos
coronados de neblina
desde donde se extiende el altiplano
En el sueño entreoíamos las gomas
sobre el asfalto mojado
acelerar rápidas
y el tráfico de los camiones
dejaba una exhalación de aguaviento
La vegetación se hizo borrosa
y las fachadas de los pueblos
rebrillaron en las ventanillas
como bocetos cubistas
(Jaime Jaramillo Escobar dice
en un poema
que los paisajes a cien kilómetros
por hora
no tienen pies ni cabeza…)
***
Un relente
grave
deviene con la noche
Los pasajeros bromean
contagiados por una tranquila euforia
ante la inminencia del arribo
En la cabina
bajo una débil luz de bujía
el chofer
cava en la sombra
Las luces de las farolas
rompen contra la ventisca
Imagino
la carrocería
atravesando la tiniebla
como una carroza encendida
Robinson Quintero Ossa

Para terminar este mímimo homenaje, nos despedimos con tres de los poemas más aplaudidos del maestro y amigo Gustavo Adolfo Garcés.
Dificultades de la poesía
La idea era
beber un poco
ponernos alegres
pero nos emborrachamos
en exceso
y lo que hicimos
fue tener una opinión
demasiado buena
de nosotros mismos
Mis amigos
Tuve un insomnio feliz
pasé la noche en vela
pensando en mis amigos
increíble tanta risa
en la memoria
El premio
Tal vez algún día
a un grupo de poetas
jurado de algún concurso
le gusten mis poemas
y me den un premio
lo celebraré
con mi esposa y mi hija
y me emborracharé
con los amigos
los compañeros de oficina
se enterarán
de que escribo poesía
mi padre pensará
que es toda una efemérides
y se tomará unos aguardientes
especialmente sabrosos
Dios mío
no permitas que mi madre
ya se haya ido ese día

















